Daniel Scioli no tiene la menor intención de sacar los pies del plato antes de tiempo, si es que los saca, y menos prenderle fuego a su gestión en la provincia de Buenos Aires.
El gobernador parece mantener bien fresca una definición de la paciencia, aquella que dice que es un estado de resistencia en el que entramos cuando nos exponemos a circunstancias difíciles.
Y esas circunstancias están dadas por los constantes ataques que recibe del kirchnerismo.
Scioli y sus principales colaboradores están convencidos de que Cristina Kirchner no logrará reformar la Constitución y por lo tanto no habrá re reelección. Pero para mantener sus aspiraciones presidenciales debe llevar a buen puerto a su gobierno, sortear los serios problemas presupuestarios y, sobre todo, los mensajes que le llegan desde la Casa Rosada.
Lo que más le preocupa a Scioli son las apariciones públicas de Cristina Kirchner para criticarlo, como ocurrió cuando le recriminó que no difundió su patrimonio ni cuánta plata tenía ahorrada en dólares.
Sabe que cuando la presidenta le dispara un misil eso es vía libre para que se encolumnen fieles soldados.
El enfrentamiento del ministro del Interior y Transporte Florencio Randazzo con Scioli, es una buena muestra. Donde puede, Randazzo castiga y duro a Scioli, ya sea por cuestiones del transporte, como el vergonzoso tren a Mar del Plata, o por temas políticos.
Aunque no solo al gobernador, también su jefe de Gabinete, Alberto Pérez, recibió un golpe directo de Randazzo cuando dijo en una entrevista a El Cronista que hay que rediscutir la coparticipación y que Buenos Aires viene siendo perjudicada por este régimen desde hace muchos años.
Los choques con Gabriel Mariotto desde la vicegobernación o la legislatura bonaerense, ya son un clásico.
Sin embargo, el gobernador está decidido a continuar con sus proyectos de gobierno y político.
Está claro que la Nación no va a dejar de dar asistencia económica a la provincia. El problema es el flujo de esos fondos, porque esa es una de las formas de castigar al gobierno provincial.
Quizás por esa razón Scioli se preparó para resistir este año (electoral) todo lo que pueda con sus propios recursos.
Con la reforma tributaria y con los recortes presupuestarios. Lo demás tiene que ser aportado por Cristina.
Los bonaerenses ya no están en condiciones de soportar una nueva presión impositiva. Y los funcionarios lo saben, dicen que están trabajando al límite y que una mayor presión no significa una mayor recaudación.
La otra cuestión de Scioli es su declaración jurada y la no pesificación de sus dólares que, dijo, son utilizados para el tratamiento médico anual que hace por la amputación de su brazo.
Antes de fin de mes deberá entregar un informe detallado de sus bienes ante la Escribanía General de la provincia, de acuerdo a la legislación local.
Allí podrá leer Cristina las propiedades del gobernador, el dinero en efectivo y la participación en sociedades.
En el medio, hay una puja con Mariotto que Scioli no quiere perder. Su gabinete está trabajando para imponer su propia ley de Etica Pública o como se llame y no dejar que el rédito político se lo lleve el Vice.
Pero Scioli no es el único metido en los complejos laberintos presupuestarios. Le ocurre lo mismo a los intendentes de la provincia y, en especial, a los del conurbano bonaerense, afectados directamente por un año electoral donde la presidente no quiere que saquen los pies del plato.
Tal es así que la mayoría de ellos también recurrió a la suba de las tasas municipales, aunque prometieron no hacerlo más durante este año. Inclusive, recurrieron a esa ayuda extra los más entusiastas aplaudidores que concurren a los actos de Cristina. Por lo bajo ellos dicen que no pueden quedar subordinados al humor o a las disposiciones de caja de la Casa Rosada para ayudarlos.
Con Scioli tienen una relación directa por el reparto de la coparticipación provincial y con ministros nacionales por la asistencia social y la obra pública.
Se trata de Alicia Kirchner, a quien CFK sigue midiendo para una eventual candidatura bonaerense, y a De Vido.
El ministro de Planificación ya les adelantó que no deben esperar plata para megaobras en la provincia. Pero si habrá dinero para obras pequeñas que serán financiadas y controladas por la Nación.
Así quieren evitar que varios intendentes sigan, como en 2009, el canto de sirena de un peronismo rebelde o disidente, que está esperando una caída electoral del kirchnerismo con el fin de buscar su propio candidato presidencial para 2015.
Mientras tanto, los intendentes aplican una máxima que los acompaña siempre: las necesidades económicas ordenan la política.