

El resultado eleccionario en la Ciudad de Buenos Aires, fue tomado por el FPV como una victoria propia, así como lo hizo Lousteau festejando su segundo puesto con votos en su mayoría prestados. La realidad es que en CABA existía un electorado que aun siendo antagónico al FPV no se identificaba con el PRO, encontrando en ECO un espacio distinto para ser representado. Pero no nos equivoquemos. El ganador es el PRO y la situación relativa de poder en la Legislatura porteña esta dada por la primera vuelta y no por la segunda.
La aparición de Lousteau ha sido sociológicamente dura para Larreta pero mas estratégicamente funcional a Macri de replicarse esto a nivel nacional en los mayores distritos electorales donde el poder lo tienen terceras fuerzas, llámense no FPV, no PRO.
Al final, el PRO ganó la elección pero el éxito esperado rimbombante de 10 puntos de diferencia fue tomado como una derrota. Nos hemos entregado al análisis político sesgado sobre éxitos posibles infundados. Preferimos culpar a las encuestadoras como si ellas retuvieran en sus algoritmos la verdad revelada y no nos damos cuenta de que a la hora del voto somos emocionales, volubles y no somos predecibles ni siquiera para las matemáticas aplicadas.
Nos hemos transformado en exitistas, si no es por goleada no ganamos. Nos hemos transformado en inmediatistas, no creemos en los procesos. Así como privilegiamos el consumo por sobre el ahorro, también se prefiere la inspiración del discurso por sobre la lógica del relato. Confiamos mas en los armados políticos que en la propuestas políticas. Creemos mas en las encuestas que en lo que la gente siente. Somos magnánimos organizacionales para el éxito como pusilánimes en las adversidades. Al momento del análisis y de la interpretación de los resultados, nos guiamos por la foto y no por la película.
El discurso peronizado sobre cuestiones sociales de Macri encuentra detractores tanto en el mismo peronismo como en sus filas de Cambiemos. El discurso integrador de Scioli se aprecia más como una debilidad que como una fortaleza. Massa en vez de ser interpretado como el hombre que retiene el poder de la tercera posición del electorado moderado es presentado como un advenedizo en su proceso de supervivencia política. Estamos equivocados. Seguimos siendo rehenes de nuestros defectos que nos impiden crecer tanto en la continuidad como en el cambio.
Las estrategias de comunicación son sencillas; la del Sciolismo, es instalar un sentimiento triunfalista como así la derrota del macrismo en su bastión porteño mientras realiza una moderada salida al electorado peronista blando o no ideologizado FPV. El macrismo o Cambiemos, por otro lado, debe endurecerse como opositor, pero ser abiertamente permeable a la consolidación de aquellas políticas públicas de gran aceptación social como la AUH, los planes sociales, las estatizaciones, la confrontación con los fondos buitres, etc. Simplemente porque es lo que la mayoría del electorado decisivo quiere y por eso vota. No es el juego del engaño ni del oportunismo dialéctico discursivo, sino la razón de la democracia, representar la voluntad popular.
Si estamos dispuestos a aceptar contiendas políticas fundamentadas en estilos de conducción y con slogans que en última instancia demuestran el vacío de contenidos propositivos como así también la instauración de tácticas amigos y enemigos, debemos también aceptar el cambio de los candidatos. Si Scioli o Macri quieren ganar, deberán cambiar las estrategias de comunicación para confluir en lo que otrora vendía mejor Massa cuando se encontraba mas apasionado por la navegación política que por controlar a su tripulación.
Vivimos auto secuestrados permitiendo la falacia política de amigos-enemigos como táctica electoral y ciudadana. No nos damos cuenta que somos rehenes de nuestros defectos, disociando lo público de lo privado, el bien colectivo del individual, la comunicación de campaña del hacer de gestión. De seguir así, no hay cambio ni tampoco continuidad, solo disolvencia donde algunos ganaran pero todos perderemos.










