

El inicio del año 2011 nos motiva a formular algunas reflexiones sobre las perspectivas en la utilización de distintas alternativas para el acceso a financiamiento por parte de empresas de mediano y gran tamaño, en particular, ante el estado actual del mercado de capitales Argentino.
Un primer dato positivo, extraído de la propia dinámica de dicho mercado, es el crecimiento comparativo interanual 2009/2010 -computando hasta Agosto 2010 inclusive-, respecto a los montos emitidos -en forma conjunta- a través de obligaciones negociables; fideicomisos financieros y cheques de pago diferido, con un incremento total de 93% (Fuente Instituto Argentino de Mercado de Capitales).
Otro evento de la realidad, que no puede dejar de soslayarse, en lo que respecta a una evaluación ex ante de diversos instrumentos para acceder a financiamiento, reflotando la tradicional distinción entre deuda pura, vía emisión de obligaciones negociables (ON) o valores de deuda de corto plazo -según su fecha máxima de repago-, o bien, en contraposición, deuda fideicomitida constituida a través de un fideicomiso financiero (FF), ha dejado de ser relevante, al menos desde un punto de vista impositivo, toda vez que, recordemos, desde Agosto del año 2008, ha entrado en vigencia el Decreto 1207, que en la práctica, equiparó el tratamiento fiscal de obligaciones negociables y el fideicomiso financiero, con la sola excepción -en este último caso- de fideicomisos para obras de infraestructura afectados a la prestación de servicios públicos, que mantienen la exención derogada, sujeta al cumplimiento de ciertos condicionamientos.
De cualquier modo, en lo que concierne a un análisis razonable y adecuado en sustento a la adopción de uno u otro producto, todavía es de trascendencia no solo su arbitraje regulatorio, atendiendo a que ante un escenario de contracción de deuda -vía emisión de ON-, la carga de información legal y contable se concentra sobre la entidad emisora, mientras que, en el caso de un FF, la mayor parte de tal información normalmente se lateraliza sobre el fiduciario financiero que haya sido designado para actuar en tal carácter, sino también la limitación a exposición de responsabilidad patrimonial que confiere el uso del vehículo fiduciario, en base a que, por imperio legal y como principio general, el activo fideicomitido es el único responsable en honrar las obligaciones a cargo del fideicomiso.
Es dable también destacar el potencial de crecimiento que poseen las PYMES, a los fines que puedan aproximarse a distintos productos del mercado de capitales, específicamente diseñados para esta particular categoría de compañías.
Al respecto, durante la última década, 8765 PYMES se han financiado desde nuestro mercado de capitales, según el Instituto Argentino de Mercado de Capitales. Este indicador debe interpretarse como un real aliciente para potenciar el ingreso de PYMES a dicho mercado, como una variante ante el autofinanciamiento o el crédito bancario.
Con tal propósito, no podría dejar de considerarse el diseño de la estructuración de un financiamiento PYME, con la participación de una sociedad de garantía recíproca (SGR), que respalde su cumplimiento, ya sea a través de la emisión de una ON para PYMES; o bien un FF, o bien, el libramiento de cheques de pago diferido bajo el sistema avalado.
Otro desafío en el diseño de una estrategia de financiamiento, residirá en analizar la viabilidad de establecer términos y condiciones que contemplen alguna posibilidad de ajustar su rendimiento, para ser competitiva con el índice inflacionario que, se estimaría preliminarmente para este nuevo año, en cifras similares a las del 2010.
De cualquier manera, una respuesta a este interrogante, no podrá infringir la actual prohibición legal en establecer mecanismos de indexación o actualización, aplicable -en este particular caso- a deuda originada por el sector privado.
En conclusión, los objetivos son múltiples, las perspectivas parecerían ser alentadoras, a tenor de ciertos indicadores que nos dejó el año recientemente concluido, todo lo cual debería converger en generar novedosas propuestas que -en definitiva- vinculen a los dos protagonistas de cualquier esquema de financiamiento dentro de la economía real, tomadores y oferentes de fondos (a nivel individual e institucional), respectivamente.










