El peronismo no kirchnerista
se muestra más activo que nunca.
Busca como erosionar el poder del oficialismo en las elecciones legislativas de este año, empezando por la provincia de Buenos Aires.
No son pocos los involucrados en esta estrategia, pero no está claro, todavía, como pueden zanjar sus diferencias y sellar una unidad que se vea reflejada, luego, en las listas legislativas.
Ahí están, entre otros, los sciolistas, Francisco de Narváez, José Manuel de la Sota, Hugo Moyano, Roberto Lavagna, Carlos Reutemann, Felipe Solá, Jorge Busti, Mario Das Neves, y, por ahora, el santacruceño Daniel Peralta.
En ese sector del peronismo se considera que Cristina Kirchner tiene asegurado, a nivel nacional, un núcleo duro del 30% y que hay entre un 10 y un 15% que se moverá de acuerdo a la situación económica y social que se viva para la época de las elecciones.
Por esa razón el peronismo disidente se mueve buscando alianza en los dos principales distritos del país.
Y cuando hablan de alianzas se refieren específicamente al PRO de Mauricio Macri, en Capital Federal y en Buenos Aires.
De un lado y del otro de esas fuerzas políticas coinciden en destacar que ir por separado restará votos, porque disputarán una misma parte del electorado.
Hay conversaciones para sellar un acuerdo, aunque, por ahora, coinciden en que no las deben hacer públicas hasta que peronistas y macristas puedan solucionar las disputas internas que tienen en sus filas.
Además, siempre aparecieron cortocircuitos entre algunos de sus principales dirigentes. Y bien pueden dar fe de esto Macri y De Narváez.
En la Capital Federal, el macrismo tiene su pata peronista y el diálogo siempre estuvo abierto, aunque ahora hay un elemento adicional y es la figura del ex ministro de Economía Lavagna.
No son pocos los que ven como fórmula ganadora a Lavagna y Gabriela Michetti para senadores nacionales, pero el acuerdo no es sencillo de alcanzar porque debe abarcar también la lista de diputados nacionales, donde hay demasiadas disputas.
Tampoco es sencillo de alcanzar un acuerdo en la provincia, donde el primo de Mauricio, Jorge Macri (intendente de Vicente López), apuesta a ser una parte importante de la negociación con el peronismo.
Mientras tanto, De Narváez sigue de cerca esas conversaciones porque está seguro que es el que tiene mejor imagen para encabezar la lista de diputados nacionales.
Este año De Narváez debe renovar su banca y quiere repetir la historia del 2009 cuando venció a Néstor Kirchner, para apuntar, luego, a la gobernación en 2015.
El sciolismo, mientras tanto, es un problema difícil de resolver porque el gobernador no está dispuesto a romper con Cristina y sacar los pies del plato.
Quiere llegar al final de su mandato para ser la alternativa peronista a la presidencia en 2015.
Sin embargo, le dio oxígeno a su gente porque sabe que quedará marginada de los principales lugares en las listas de candidatos.
Así la Juan Domingo y miembros de su gabinete provincial negocian por estos días con referentes históricos del peronismo bonaerense.
Y en ese diálogo aparece Alberto Fernández, que todavía tiene varias heridas abiertas con los peronistas de la provincia, por su paso como jefe de gabinete de Néstor y Cristina.
A todo esto, el intendente de Tigre, Sergio Massa, es un caso especial. Su indefinición política suele irritar a los peronistas que negocian en territorio bonaerense, pero también la Casa Rosada y La Cámpora lo tienen en la mira.
El deseo es que Massa rompa con Cristina y sume sus fuerzas a un peronismo unido para enfrentar al kirchnerismo.
Pero el deseo parece estar, por ahora, lejos de la realidad y nadie ve a Massa rompiendo mientras tenga una dependencia como la que tiene del gobierno nacional. Tanto para las obras públicas como para la asistencia social.
Y son estos dos temas, personificados en los ministros Julio de Vido y Alicia Kirchner, los que tienen domesticados a los gobernadores.
Son los mismos caciques provinciales que no dudaron en mostrarse unidos y en público sin Scioli, satisfaciendo así un deseo de la propia Casa Rosada, para marcarle el terreno al bonaerense y dejarlo en soledad.
La misma soledad que tiene hoy Daniel Peralta en Santa Cruz, por más que le haya ganado la interna del PJ al kirchnerismo.
Peralta ya anunció que está dispuesto a negociar con el peronismo anti K, pero sobre él también caen la desconfianza de sus interlocutores.
Pero no es el único en problemas. En La Rioja, el ex menemista Luis Beder Herrera está enfrentado con el kirchnerismo y esto se ve reflejado no solo en la relación con el gobierno nacional. Tiene serios problemas con un puñado de intendentes K .
En definitiva, el peronismo disidente tiene dos frentes sobre los que tiene que actuar. Sellar un amplio acuerdo de unidad entre los suyos y lograr que los que no terminan de romper con el gobierno de Cristina, lo hagan cuanto antes.
Aunque en esto de premios y castigos, el kirchnerismo sabe cómo actuar.