Cumplir 18 años solía ser el pasaje de la adolescencia a la adultez, daba la posibilidad de manejar un automóvil y, en esencia, de ser libres. Los números muestran que cada vez menos personas lo sienten así. Según datos del Departamento de Transporte de Estados Unidos, solo el 60,7% de los jóvenes de 18 años tiene licencia de conducir, comparado con el 86% en 1978, el 80,4% en 1983 y el 65,4% en 2008. Si tomamos el grupo etario de 20 a 24, los datos son evidentes: pasaron del 91,8% en 1983 a 80,9% en 2010.

¿Por qué, a pesar del crecimiento demográfico, cada vez son menos los jóvenes que quieren conducir en Estados Unidos? Esta pregunta se la hacen no sólo por los fabricantes de automóviles sino también los vendedores de seguros, combustible, entre otros.

Una de las causas de este fenómeno tiene que ver con la tecnología: no se pueden utilizar las redes sociales o jugar online mientras se conduce. Muchos jóvenes prefieren utilizar el transporte público y así poder continuar con sus vidas digitales mientras se movilizan de un lugar a otro. Además, la tecnología también ha disminuido la necesidad de viajar para muchas personas que pueden trabajar, estudiar o comprar productos desde sus casas.

Adquirir un automóvil estaba relacionado con dos momentos importantes en la vida de una persona: conseguir el primer empleo y formar una familia. Ambas situaciones se han extendido en el tiempo y, en muchos casos, cambiado su naturaleza. Adicionalmente, en Estados Unidos se ha observado un regreso de la población desde los suburbios hacia el centro de las ciudades. Esto ha disminuido la necesidad de tener un automóvil, al poder utilizar el transporte público o las cada vez más populares bicisendas.

A eso debemos agregar el costo que conlleva tener un auto: combustible, seguros, impuestos, estacionamiento, entre otros, Finalmente, hay un componente simbólico que entra en acción: poseer un auto no tiene la misma connotación que solía tener. Para los jóvenes, es un simple medio de locomoción y no conlleva un valor agregado en término de status.

¿Qué están haciendo las empresas automotrices frente a esta situación? La mayoría ha optado por sumar más tecnología en sus vehículos para evitar que los usuarios corten sus vidas digitales mientras conducen. El caso extremo son los automóviles autodirigidos desarrollados por Google. También existen plataformas (por ejemplo, Zipcar) que separan el uso de la propiedad del automóvil. Así, las personas pueden usarlo solo cuando lo necesitan, con un modelo de suscripción (similar a Netflix pero para transportes).

Antes el automóvil permitía ir donde uno quisiera, estar con quien uno deseara, hacer lo que uno tuviera ganas, comprar lo que uno pudiera; en esencia, ser uno mismo. Hoy, la tecnología ayuda a que uno haga todo eso sin necesitar un vehículo. Por eso las automotrices deben convencer a los jóvenes sobre los beneficios de tener un auto, antes de mostrar las ventajas de sus modelos. Por lo menos, hasta que se invente el iPhone con ruedas.