Los senadores y diputados de la oposición no quisieron quedarse atrás y apuraron un pronunciamiento contra la reforma de la Constitución Nacional y la re reelección de Cristina Kirchner.

Esta vez levantaron la guardia para no ser tomados por sorpresa ante al nuevo cacerolazo contra el gobierno, convocado para hoy.

Uno de las consignas es contra la reforma y la re-re, algo que, más allá de las diferencias que tienen algunos de sus dirigentes, une a todo el arco opositor.

Las 28 firmas de los senadores y las 107 de los diputados le asegura a la oposición la posibilidad de bloquear cualquier intento reformista, por lo menos hasta 2014, ya que las dos cámaras se renovarán parcialmente en diciembre del año próximo.

Los dos tercios del Congreso parecen hoy lejanos para el cristinismo, cuyos dirigentes, al mejor estilo peronista, decidieron desensillar hasta que aclare, siguiendo las instrucciones de la Presidenta.

Por ahora, la oposición no es más que eso, la unidad en la acción, como suele decirse, que se da en dos planos.

El político: esta centrado en el Congreso, aunque no significa que se traslade al tratamiento de las leyes, donde el voto a los 16 años los encontró divididos, aunque después terminaron juntos a la hora de abandonar el recinto de Diputados por la incontinencia verbal de un todo terreno que tiene la Presidente, como Andrés el cuervo Larroque, que lidera La Cámpora por el poder que le prestan CFK y su hijo Máximo.

Precisamente los ataques de Larroque al gobierno de Santa Fe, cuando habló de un supuesto narcosocialismo, llevó a la oposición a cerrar filas con el socialismo y su principal referente, Hermes Binner, a pesar de las críticas que suele recibir esa fuerza política por una posición tibia que, a veces, suele tener frente al maltrato que reciben de la Casa Rosada.

La necesidad de mostrarse unidos en el Congreso, a pesar de los cuestionamientos de Elisa Carrió (a quien sus seguidores dentro de la Coalición Cívica parecen escurrirse entre las manos), los obliga a tapar los problemas que tienen para un armado electoral.

Está claro que el Frente Amplio y Progresista (FAP) irá por su lado y el radicalismo por el otro, aunque en algunos distritos harán esfuerzos por lograr una lista de unidad.

Por otro costado caminará el peronismo disidente con José Manuel de la Sota, Francisco de Narváez y dirigentes provinciales, mientras esperan definiciones que no llegarán, por un buen tiempo, del gobernador Daniel Scioli o el intendente de Tigre, Sergio Massa.

Mientras tanto, el PRO de Mauricio Macri sigue inmerso en una compleja discusión sobre los candidatos que presentará en Capital Federal y Buenos Aires.

Recién después de definidos esos objetivos, comenzará a debatir con mayor profundidad la conveniencia o no de aliarse con el peronismo no K.

Por lo pronto, Macri tiene pendiente una negociación con Francisco de Narváez.

Sucede que, en la provincia de Buenos Aires, ambas fuerzas se necesitan para las legislativas del año próximo y una alianza en territorio porteño también sumaría.

El sindical: tendrá una prueba importante el 20 de noviembre (fecha pendiente de confirmación) cuando vayan unidos a un paro contra el gobierno nacional, la CGT de Hugo Moyano, la CTA de Pablo Micheli y la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo.

En este plano, es mucho más complejo lograr la unidad en un terreno que no sea en la acción.

Cada uno de ellos tiene en su filas adherentes que cuestionan el pensamiento político de quienes fueron, hasta hace poco, adversarios.

Micheli representa a sectores llamados progresistas dentro del sindicalismo, que siguen cuestionando a los caciques gremiales históricos del peronismo por su acercamiento a los gobiernos de turno.

De todas formas, sus agendas de reclamos al gobierno coinciden y tienen como ejes el mínimo no imponible del impuesto a las ganancias, el ajuste de las asignaciones familiares y la situación de las obras sociales por la millonaria deuda que tiene el Estado.

Pero ocurre algo curioso y es que, en estos puntos, transitan por el mismo camino que la CGT oficialista, la que preside el metalúrgico Antonio Caló y la CTA que crece al calor del gobierno, con Hugo Yasky.

Caló, junto al sector de los gordos, de los independientes y los ex moyanistas, están en un verdadero brete.

Les pasa lo que imaginaron que iba a ocurrir. Quedaron atrapados por el gobierno nacional que no responde a sus constantes reclamos.

Esto les está generando problemas en su propia tropa, donde ya comienzan a plantearse qué harán el año próximo cuando se acerquen los tiempos electorales, si todo sigue así.

Esa es una pregunta que también se extiende por los intendentes del conurbano bonaerense y gobernadores.

¿Dónde quedarán parados cuando Cristina Kirchner comience a poblar con gente de La Cámpora las listas de candidatos a diputados nacionales y provinciales, como así también concejales?,

La reciente actuación del Cuervo Larroque en el Congreso es solo una advertencia de lo que les espera.