La transformación tecnológica de las empresas entró en una nueva etapa. Después de años marcados por la adopción acelerada de herramientas, el foco empieza a correrse hacia una pregunta más concreta: qué valor generan realmente para el negocio y qué cambios exige capturarlo.

Para Valeria Forte, directora de Business & Transformation de KPMG Argentina, ese giro ya es visible en la inteligencia artificial (IA). “Hay una necesidad de entender dónde genera valor para que eso sea rentable”, explicó. Muchas organizaciones, señaló, están dejando atrás una primera etapa enfocada en la adopción y empiezan a mirar costos, gobernanza y resultados.

El salto, además, no pasa simplemente por distribuir licencias. La clave está en integrar la IA allí donde puede transformar procesos o incluso modelos de negocio. Forte menciona desde una experiencia del cliente más personalizada hasta mantenimiento predictivo y nuevas formas de tomar decisiones.

Pero esa integración también obliga a revisar la organización. “Cambia la forma en la que trabajo, cambia la forma en la que tomo las decisiones. Entonces cambian roles, cambian responsabilidades”, resumió. A eso se suma otro desafío: ordenar y mejorar la calidad de los datos sobre los que funcionan estas herramientas.

En Cervecería y Maltería Quilmes, Eugenio Cucú Raffo, VP de Marketing para Latinoamérica Sur, observa un fenómeno similar. La IA, asegura, volvió la toma de decisiones “más rápida y más potente”, aunque no menos humana. No identifica ningún rol de su equipo que pueda ser reemplazado completamente por IA, pero tampoco uno que no haya cambiado por su incorporación.

La misma lógica aparece cuando la tecnología se lleva a la operación. Sebastián Sarasate, CTO de Andreani, sostiene que el punto de partida no debe ser elegir una herramienta. “La clave es empezar por no elegir qué tecnología, sino qué problema tenemos que resolver”, afirmó. La compañía busca casos concretos, los prueba en pequeña escala y, si funcionan, los expande.

Eduardo Mascaro, subgerente de Tecnología Operativa de TGN, coincide: muchas veces “la tecnología aparece como una solución en busca de un problema”. Por eso, considera fundamental que quienes toman decisiones tecnológicas conozcan profundamente el negocio.

En TGN, esa mirada se aplica a una red de más de 11.000 kilómetros de gasoductos, donde la empresa incorpora IoT para monitorear infraestructura remota y también prueba robots para reducir la exposición de personas a tareas riesgosas. Andreani, en tanto, combina sensores, datos, cámaras y automatización para seguir envíos, anticipar recorridos y detectar desvíos en sus centros de distribución.