La Argentina volvió a quedar entre los mercados más difíciles del mundo para operar una empresa. El país subió dos posiciones en el Global Business Complexity Index 2026, el ranking que elabora todos los años TMF Group, y quedó en el puesto 9 entre las 81 jurisdicciones analizadas.
El índice, que mide la complejidad para establecer, operar y expandir negocios, ubicó a la Argentina dentro del grupo de los 10 países más complejos a nivel global, junto con Grecia, México, Brasil, Francia, Turquía, Colombia, Bolivia, Italia y Perú. El informe evalúa 292 indicadores vinculados con contabilidad e impuestos, gestión legal de entidades y regulación laboral.
El dato vuelve a poner el foco sobre uno de los principales desafíos que enfrentan las compañías en el país: el costo operativo de cumplir con un marco regulatorio cambiante, que combina cargas administrativas elevadas, exigencias fiscales y trámites que todavía dependen de procesos presenciales o certificaciones manuales.
El ranking también tuvo recambios en el top 10. Frente a la edición 2025, Kazajistán y China continental salieron del grupo de las jurisdicciones más complejas, mientras que la Argentina y Perú entraron este año. Francia, que en 2025 había estado segunda, se mantuvo dentro del bloque más complejo, aunque bajó al cuarto lugar. En paralelo, México y Brasil ganaron posiciones y quedaron segundo y tercero, detrás de Grecia, que conservó el primer puesto.
En el caso argentino, la llegada al top 10 no aparece explicada por una medida puntual, sino por la persistencia de obstáculos que el informe ya venía marcando: carga administrativa, cambios regulatorios, exigencias fiscales y costos de cumplimiento. Ya el año pasado, TMF señalaba que el país combinaba inestabilidad económica, controles cambiarios todavía presentes, infraestructura deficiente, altos costos laborales y problemas estructurales en el mercado de trabajo.
En ese sentido, la comparación con 2026 muestra más continuidad que ruptura. Aunque el informe previo reconocía señales de apertura, digitalización y mejora relativa frente a otros países de la región, esos avances no alcanzaron para alejar a la Argentina de la zona de mayor complejidad.
América latina, sobrerrepresentada
El ranking muestra, además, una fuerte presencia regional entre los mercados más complejos. De los 10 primeros puestos, seis corresponden a América latina: México, Brasil, Colombia, Bolivia, Argentina y Perú.
En el caso argentino, TMF señala que la caída del puesto 11 en 2025 al 9 en 2026 refleja la persistencia de barreras estructurales para las empresas internacionales. Según el reporte, el entorno local sigue siendo demandante por la combinación de cambios regulatorios impredecibles y una carga administrativa que podría aumentar durante el próximo año.
La complejidad no se limita al plano fiscal. También alcanza la gestión societaria, los procesos laborales y la adaptación de las compañías a nuevas obligaciones de reporte. Para las empresas extranjeras, ese combo eleva los costos de entrada y operación, incluso cuando el mercado ofrece oportunidades de crecimiento.
“El posicionamiento de Argentina en este ranking coincide con un momento de transformación profunda. Las reformas impulsadas por el Gobierno en materia de desregulación, apertura cambiaria y simplificación administrativa están sentando las bases para un entorno de negocios mucho más predecible y competitivo”, señaló Jorge Sodano, Country Head de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay de TMF Group.
El ejecutivo agregó que, para las empresas internacionales capaces de anticiparse a ese cambio, la Argentina representa “una oportunidad de entrada privilegiada antes de que la mejora del clima de inversión se refleje plenamente en los rankings”.
El informe también identifica factores que podrían modificar la tendencia en el mediano plazo. Entre ellos, menciona una mayor voluntad política para flexibilizar requisitos regulatorios tras las elecciones legislativas de 2025 y la baja de la inflación observada entre 2024 y 2025.
Digitalizar sin simplificar
Asimismo, el relevamiento señala en países como la Argentina, la digitalización no siempre reduce la carga para las empresas. Muchas veces, los trámites online se suman a obligaciones viejas que siguen vigentes.
Así, una compañía puede tener que cargar información en un sistema digital, pero también presentar documentación, hacer certificaciones o cumplir pasos administrativos adicionales.