La Corte Suprema de Justicia de la Nación (CSJN) le dio una buena noticia a la láctea Verónica en medio de la crisis más profunda que atraviesa desde su fundación. El máximo tribunal falló a su favor en un reclamo contra la provincia de Buenos Aires y dejó sin efecto un esquema impositivo que le implicaba pagar más impuestos por producir fuera de la provincia.
El caso giraba en torno al impuesto sobre los Ingresos Brutos. La normativa bonaerense establecía una alícuota más baja para las industrias radicadas en la provincia, pero aplicaba una carga mayor a aquellas que, como Verónica, tienen su planta productiva en otra jurisdicción, en este caso, Santa Fe.
En los hechos, eso implicaba que la empresa debía pagar más simplemente por el lugar donde fabrica sus productos (4% de alícuota frente a un 1,75% en caso de estar radicada en Buenos Aires). Ahora, la Corte consideró que ese criterio es inconstitucional.
En términos simples, entendió que una provincia no puede cobrar impuestos más altos a una compañía solo porque produce fuera de su territorio, ya que eso introduce una discriminación y afecta el comercio entre jurisdicciones.
El fallo representa un alivio para Verónica en un contexto complejo. La compañía atraviesa una fuerte crisis financiera, con problemas de deuda y tensiones operativas que ponen en duda su continuidad. En ese escenario, evitar una carga impositiva mayor y potenciales reclamos retroactivos aparece como un factor clave para su delicado equilibrio.
Un futuro incierto
Fundada en 1923 en la Ciudad de Verónica, Provincia de Buenos Aires, la firma, propiedad de la familia Espiñeira, tiene sus tres plantas de Santa Fe paralizadas por falta de materia prima, adeuda salarios y acumula una deuda por más de $13.000 millones por falta de fondos.
Desde ese entonces, las especulaciones sobre su futuro son cada vez más fuertes y resuenan constantemente rumores sobre su posible venta. Hubo diferentes jugadores interesados en quedarse con la láctea como la francesa Savencia y la canadiense Saputo.
Ahora, su operatividad está cada vez más comprometida. La empresa mantiene paralizadas sus tres plantas en Santa Fe -ubicadas en Totoras, Lehmann y Suardi- y dejó de producir a fasón -para terceras marcas- lo que representaba su único ingreso hasta el momento.
La crisis de Verónica comenzó en 2017 y tras la muerte del fundador de la empresa, Francisco Gonzalo Espiñeira, se profundizó. En 2020, en la pandemia, la firma llegó a procesar un millón de litros diarios de leche y logró ponerse al día con los sueldos, pero luego resurgió el conflicto.
Desde enero de este año, la situación se agravó. La láctea frenó todo tipo de pagos y adeuda salarios -tiene alrededor de 700 trabajadores- desde noviembre. A esto se sumó que las unidades productivas se encuentran sin servicios básicos como luz, gas, agua e insumos.
De tal modo, en caso de que su situación continúe profundizándose, y con ella, la deuda, la empresa podría encaminarse a la quiebra.