Durante años, la posesión de una flota fue sinónimo de capacidad operativa. Hoy, ese paradigma comienza a desdibujarse. En un escenario donde cada peso invertido exige retorno inmediato —y donde la eficiencia dejó de ser un diferencial para convertirse en una condición de supervivencia—, cada vez más empresas revisan una decisión que parecía incuestionable: ser dueñas de sus vehículos.
En ese replanteo, el renting corporativo —un modelo consolidado en mercados desarrollados— empieza a ganar terreno en la Argentina.
“El renting surge como la necesidad de las compañías de tercerizar tanto la adquisición como la gestión de los vehículos”, explicó Marcos Zubillaga, director de Finanzas de RDA . “Ninguna empresa tiene como fin tener autos: los usa, pero no es su negocio”, agregó.
La definición condensa un cambio más profundo: la movilidad deja de concebirse como un activo y pasa a entenderse como un servicio.
Un mercado incipiente, pero en expansión
Las cifras todavía son acotadas, pero la tendencia es clara. En Europa, el renting ya representa cerca de la mitad de las flotas corporativas, mientras que en América Latina su penetración sigue siendo marginal.
“En la Argentina hay alrededor de un millón y medio de vehículos corporativos, y el renting no alcanza el 5% de ese total”, detalló Zubillaga .
Esa brecha, lejos de desalentar, alimenta las expectativas del sector. El crecimiento no responde a un fenómeno coyuntural, sino a una transformación más estructural.
“El cliente que adopta este modelo difícilmente vuelve atrás”, afirmó el ejecutivo , aludiendo tanto a los beneficios financieros como a la simplificación operativa que implica.
El costo oculto de tener flota propia
Detrás de cada vehículo hay mucho más que un activo en el balance: mantenimiento, seguros, impuestos, gestión administrativa, cumplimiento normativo y estructura operativa.
“La flota es nuestra herramienta de trabajo más crítica”, señaló Pablo Rossetto, gerente general de Acudir . “Tenemos unos 180 vehículos y más del 90% son operativos”, precisó.
En su caso, la complejidad se multiplica por el peso regulatorio. “Hay controles técnicos, requisitos sanitarios, gestión de infracciones. Todo eso demanda tiempo y recursos”, explicó.
El impacto es significativo: “La gestión de flota representa entre el 12% y el 15% de nuestra estructura de costos”, indicó Rossetto .
Es en ese punto donde el renting empieza a mostrar valor más allá de lo financiero: como una herramienta de simplificación y foco operativo.
De CAPEX a OPEX: el cambio que seduce a las finanzas
Uno de los principales atractivos del renting es el cambio conceptual que introduce: la flota deja de ser una inversión (CAPEX) para convertirse en un gasto operativo (OPEX). De esta forma el renting permite liberar capital de las compañías, para que puedan invertirlo en sus negocios y generar mejores retornos
“El renting se traduce en una cuota mensual previsible en el tiempo, algo clave en contextos como el argentino”, explicó Zubillaga .
A eso se suman ventajas impositivas frente a la compra tradicional. “En un contrato de renting, la cuota se computa como un servicio, lo que mejora la eficiencia fiscal respecto de la adquisición directa”, detalló .
La combinación de previsibilidad, eficiencia fiscal y menor inmovilización de capital comienza a inclinar la balanza en directorios y áreas financieras.
Un impacto que alcanza a toda la industria
El avance del renting no solo transforma a las empresas usuarias: también obliga a las automotrices a repensar su modelo de negocio.
“Hoy el negocio no puede limitarse a proveer vehículos”, advirtió Javier Masin, representante de General Motors . “Hay un conjunto de servicios asociados —financieros, de mantenimiento, conectividad y datos— que pasan a ser centrales”, explicó.
Desde esa perspectiva, el vehículo deja de ser el producto final y se convierte en una pieza dentro de una solución integral de movilidad.
“Cuando delegás la gestión en un especialista, liberás recursos para enfocarte en tu negocio principal”, subrayó Masin .
Tecnología y escala como ventaja competitiva
La profesionalización de la gestión de flotas está estrechamente vinculada al uso de tecnología: telemetría, monitoreo en tiempo real y análisis de datos.
“Las empresas especializadas logran niveles de eficiencia mayores por escala y por procesos”, explicó Andrés Civetta, analista sectorial de ABECEB . “Hay estudios que muestran diferencias de hasta 20% en el costo total de operación a favor del renting”, agregó.
Esa ventaja resulta difícil de replicar puertas adentro de una compañía cuya actividad principal no es la gestión de flotas.
Un facilitador para la electrificación
El renting también aparece como un aliado en la transición hacia vehículos eléctricos.
“Hay cada vez más consultas, y el modelo permite ofrecer una solución integral que incluye no solo el vehículo, sino también la infraestructura de carga”, explicó Zubillaga .
La lógica es clara: mayor inversión inicial, pero menores costos operativos. “Cuando el uso es intensivo, la eficiencia del vehículo eléctrico se aprovecha mejor”, señaló Civetta .
Entre coyuntura y cambio estructural
¿Se trata de una respuesta al contexto argentino o de una tendencia de largo plazo? La respuesta combina ambos factores.
“Las empresas van a estar cada vez más enfocadas en eficiencia y en su core de negocio”, sostuvo Civetta . “Y en ese camino, el renting tiene un rol claro”, añadió.
La presión por optimizar costos convive con una transformación global donde la propiedad pierde peso frente al acceso.
El servicio como diferencial
En este nuevo escenario, el vehículo tiende a convertirse en un commodity. La diferencia ya no está en el producto, sino en el servicio que lo rodea.
“El diferencial va a estar en la capacidad de ofrecer eficiencia, gestión y tranquilidad al cliente”, concluyó Zubillaga .
La transición es gradual, pero persistente. Y aunque aún lejos de los niveles de adopción de otros mercados, el renting comienza a consolidarse como una de las claves para entender el futuro de la movilidad corporativa en la Argentina.