En la Argentina existen varios programas de incentivos gubernamentales y privados para ayudar a los emprendedores a poner en marcha su negocio. (vea Un ABC para los Start-up). Sin embargo, ¿Qué sucede en Alemania, considerada hoy la locomotora de Europa en medio de la crisis de deuda? ¿Cuáles son los incentivos que ofrece el país para que las nuevas generaciones pongan en el mercado sus ’Start-ups’? Aquí, alguno de sus ejemplos.
Un fondo que se basa en la confianza
High Tech Gründerfonds (HTG) es una organización que recibe principalmente fondos del Estado aunque también participa un holding de empresas y maneja un presupuesto cercano 500 millones de euros. El fondo, que nació en 2005, ofrece una prestación de financiación inicial de 500.000 euros a una ’Start-up’ y puede llegar a invertir hasta un total de dos millones de euros por empresa. HTG invierte capital de riesgo en empresas jóvenes, de tecnología de alto potencial y con resultados de investigación que prometen un éxito empresarial. La financiación inicial tiene por objeto llevar el proyecto de la empresa a la creación de un prototipo, una prueba de concepto o el lanzamiento al mercado. “Con la financiación en las ’Start-ups’ se crearon hasta ahora más del 2000 puestos de trabajo” indirectamente, señala Clemens von Bergmann, Director de Inversiones de HTG, en Munich. El fondo no sólo ofrece financiación a las empresas que comienzan sino también asesoramiento estratégico.
Proceso de selección
Las ’Start-ups’ deben atravesar un examen de cuatro etapas de análisis para alcanzar la financiación del HTG que no supera los dos meses. “Usualmente los inversores son los mismos que luego compran la nueva compañía con una visión de perspectiva estratégica”, señala von Bergmann. “El fondo invierte puramente en ’Start-ups’ alemanas, pero los compradores son internacionales”, aclara.
“Uno tiene que confiar en la persona que te presta dinero”, dice sin dudar Dirk Höring, CEO de Commercetools, una ’Start-up’ que comenzó en 2006 y se dedica al eCommerce, un proveedor de servicios de software para la venta on line de pequeñas y medianas empresas como Red Bull y Rolling Rock, o Brita por ejemplo.
‘Kissing frogs’
El grupo Fraunhofer es una organización sin fines de lucro que agrupa a 62 institutos de toda Alemania y provee financiamiento a proyectos dentro y fuera del país que su Director Ejecutivo, Thomas Bendig denomina ‘kissing frogs’. “Usamos el dinero para financiar proyectos (promedio de 1000 por año) que no superen los cinco años a conciencia de que muchos de ellos van a fracasar”, agrega “pero hacemos foco en vender servicios IT para el futuro en vez de productos”. El grupo maneja un presupuesto anual de 210 millones de euros y se nutre del sector privado como del gobierno. (vea algunos de los proyectos que financia el instituto - inglés)
Consultoria oficial
Además de financiar a las ’Start-ups’ con fondos públicos y privado, el gobierno alemán diseñó un programa de comercio externo. Se trata de un servicio de consultoría general para compañías que quieran comerciar en el extranjero. Es un programa online que provee a las empresas alemanas de información relevante sobre posibles clientes fuera del territorio nacional, análisis de mercado y el comienzo de una ’start-up’. “La crisis no provocó una reducción en las exportaciones pero sí hubo un cambio en la esencia de las mismas”, describe Michael Leibrandt, del Departamento de Comercio Exterior, Promoción y Marca Nacional del Ministerio de Economía y Tecnología alemán, en Berlín. Este es un programa que nació hace ya más de 70 años y que cuenta con 350 oficinas en todo el mundo, una de ellas en Buenos Aires. “Ellos recolectan la información de los diferentes mercados extranjeros (situación político-económica de cada país) y la colocan en la web, luego las compañías alemanas pueden consultar esos reportes”, cuenta Leibrandt.
Para más información: www.gtai.de
Pero, ¿dónde o cómo nacen las ideas para lanzar un emprendimiento? ¿Qué pasa cuando las nuevas generaciones alemanas dejan a un lado la opción de estudiar carreras universitarias tradicionales y se lanzan de lleno al sector tecnológico, por ejemplo?
La Academia Nacional de Ciencia y Energía de Alemania (Acatech) tiene 396 miembros en el país y el mundo, y recibe donaciones privadas y del Estado. El objetivo de la academia es brindar conocimiento, asesoramiento y respaldo a los nuevos proyectos en las áreas de educación, comunicación, tecnología y recursos y energía. Actualmente proveen de financiamiento para crear una plataforma que brinde seguridad en torno a la ‘privacidad en internet’. “No se trata de proteger la información sino proteger a las personas”, señala la doctora Karin-Irene Eirmann, que dirige la unidad de Programa Tecnológico de la academia y del cual participan empresas como Google, Deutche Post e IBM, además de estudiantes y científicos, con la supervisión de Acatech. El programa cuenta con una financiación privada y estatal de 1.5 millones de euros. Sin embargo, Eirmann destaca que existe una clara preocupación en el ámbito académico: cada vez menos jóvenes eligen carreras tradicionales como ingeniería o estudios de ciencia. “Hay que incentivar a los jóvenes porque no hay recambio de ingenieros y científicos”, un problema que se suma al del estancamiento del crecimiento poblacional tanto en Alemania como en el resto de los países europeos.
La cocina de ideas
’Desing Thinking School’ (escuela del diseño de pensamiento) que pertenece al Instituto Hasso Plattner Institute y que funciona dentro del Centro de Innovación SAP, en Potsdam, es donde las ideas empiezan a tomar forma. ‘Todo está permitido’, es uno de los lemas del instituto basado en un programa de la Universidad de Stanford, EE.UU., que provee a los alumnos del ‘know-how’ y de herramientas en el mundo real para que ellos puedan libremente imaginar y llevar a cabo soluciones para el futuro cercano. Con un plantel de 100 trabajadores y 200 estudiantes, “los alumnos están al mismo nivel que los empleados, porque la idea es que el trabajo de ambas partes sea integrado”, explica Cafer Tosum, Vicepresidente Senior del Centro de Innovación SAP. “Se les plantea un desafío (la búsqueda de una posible solución a un problema del mercado que la gente necesite) y luego se evalúa la performance” del grupo, agrega. “Incluimos a los alumnos en nuestra vida cotidiana, trabajando con ellos y generando ideas frescas”, describe Tosum.
Los proyectos desarrollados en la Design Thinking School van desde el diseño de un programa de rastreo de trayecto de medicamentos mediante el código Q-R, para detectar su falsedad o veracidad; una aplicación para smartphones que ubica en un mapa las estaciones de servicio para autos eléctricos, hasta el proyecto ‘oncolizer’ que ya se utiliza en el hospital Charity de Berlín y que mediante una aplicación compatible con Android permite al médico acceder a la historia clínica del paciente, comparar los síntomas con los de otros afectados con el mismo tipo de cáncer, en este caso, y hacer segundas consultas a otros médicos online, entre otras ventajas. Un claro avance hacia la medicina personalizada. “Con esta aplicación, uno no necesita esperar” para tener resultados, “solo se trata de generar una mejor calidad de vida” para el paciente, describe el doctor Christian Regenbrecht, al frente del Instituto de Patología del Hospital Charité que utiliza esta plataforma con su tableta.
Esta escuela no se financia con una cuota por parte de los alumnos, sino por empresas que buscan soluciones a futuros problemas. Los alumnos son seleccionados mediante una serie de entrevistas personales y los elegidos pueden ser profesionales graduados o sólo contar con la motivación de hacer algo diferente. “La clave”, señala el profesor Urlich Weinberg, director de la School of Design Thinking del HPI, “es pedirles a los alumnos que no piensen en una solución al problema desde el primer momento”, sino trabajar en conjunto sobre sus causas y los factores internos y externos del mismo.