Carlos Slim convirtió dos antiguas fábricas de papel del sur de la Ciudad de México en espacios comerciales y culturales que ahora reúnen tiendas, restaurantes, entretenimiento y propuestas artísticas. La transformación se concretó a través de Grupo Carso, que en 1985 adquirió la empresa Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre.
Las plantas dejaron de producir papel a comienzos de la década de 1990. Con el cierre de la actividad industrial, los antiguos complejos tuvieron una nueva oportunidad: parte de sus construcciones fueron conservadas y adaptadas para crear Plaza Loreto, en San Ángel, y Plaza Cuicuilco Inbursa, en la zona sur de la capital.
De molino de trigo a fábrica de papel
Los terrenos donde se instaló la fábrica de Loreto tienen una historia que se remonta a la época de la Conquista. El predio perteneció inicialmente a Hernán Cortés y después pasó a manos de su hijo Martín, quien estableció allí un molino de trigo.
En 1759, el lugar comenzó a utilizarse para fabricar papel bajo el nombre de Molino de Loreto. Con el paso de los años, la propiedad se convirtió en uno de los establecimientos industriales destacados del sur de la Ciudad de México.
En 1905, un incendio provocó importantes daños en las instalaciones. Después del siniestro, el empresario alemán Alberto Lenz adquirió la fábrica e impulsó una renovación de la planta, que incluyó mejoras tecnológicas y de infraestructura. También se construyeron viviendas destinadas a los trabajadores.
La expansión continuó durante las siguientes décadas. En 1924, Lenz compró la fábrica de Peña Pobre, localizada en la zona que actualmente corresponde a Cuicuilco. Cinco años más tarde, ambas compañías quedaron integradas bajo una misma empresa.
Las instalaciones atravesaron además diferentes episodios de la historia mexicana. Durante la Revolución, fueron utilizadas como refugio por tropas vinculadas con Francisco Villa y Emiliano Zapata. Más adelante, la empresa tuvo que enfrentar dificultades para conseguir materias primas y suministros durante las dos guerras mundiales.
La adquisición de Carlos Slim en 1985
La historia de las antiguas plantas cambió nuevamente durante la década de 1980. En 1985, Grupo Carso adquirió Fábricas de Papel Loreto y Peña Pobre, de acuerdo con la biografía oficial de Carlos Slim.
Para entonces, la compañía atravesaba dificultades para sostener su actividad industrial y la planta de Loreto enfrentaba, además, problemas financieros.
El cierre de las operaciones se produjo pocos años después. Las calderas de Loreto dejaron de funcionar en 1991 y la producción de papel terminó definitivamente en 1992.
En lugar de demoler las instalaciones, la empresa de Slim optó por reconvertir parte del complejo y conservar algunos de sus elementos arquitectónicos. Así comenzó una nueva etapa para los antiguos espacios industriales.
Plaza Loreto: de fábrica a centro comercial y cultural
La planta de Loreto fue transformada en un complejo que combinó:
- Actividades comerciales
- Entretenimiento
- Cultura
Plaza Loreto comenzó a operar en 1993, aprovechando parte de las estructuras originales de la fábrica.
El desarrollo está ubicado en San Ángel y ahora conserva elementos de la antigua planta industrial. Según información de Grupo Carso, cuenta con:
- 62 locales
- 23.902 metros cuadrados de área rentable
- 1.470 espacios de estacionamiento
La recuperación del inmueble también recibió reconocimiento en el ámbito de la conservación patrimonial. En 1995 obtuvo el Reconocimiento ICOMOS México, otorgado por el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, por el trabajo de recuperación y adaptación del espacio.
El proyecto incorporó además una dimensión cultural. En 1994 abrió allí la primera sede del Museo Soumaya, institución dedicada a reunir, investigar y difundir obras de arte de México y Europa.
Durante más de una década, el museo funcionó en Plaza Loreto y exhibió parte de la colección que posteriormente sería trasladada a la actual sede del Museo Soumaya en Plaza Carso.
De esta manera, un espacio que durante siglos estuvo vinculado con la producción industrial cambió por completo su función. La antigua fábrica de papel pasó a convertirse en un complejo donde conviven comercios, entretenimiento y actividades culturales, con una afluencia mensual cercana a los 200.000 visitantes.