

Desde Cuautitlán Izcalli, Estado de México, la mayor planta de BIC en el mundo, salen millones de productos de papelería que abastecen al mercado mexicano y a más de 45 países. La demanda crece en medio del regreso a clases; es cuando se hace más visible la dimensión industrial que ha adquirido el país en manufactura para la compañía francesa.
La relevancia de México no está únicamente en el consumo de esta marca francesa que dejó indeleble su eslogan en generaciones de mexicanos: “BIC no sabe fallar”. La planta es una plataforma de manufactura y exportación que tiene a Estados Unidos como su principal destino y que está ganando nuevas capacidades para producir desde México para distintos mercados.
Back to School concentra más de la mitad del negocio
Rafael Ramírez, director de operaciones de la planta de BIC en Cuautitlán, señaló en entrevista con El Cronista que el regreso a clases “representa más o menos para la venta en México el 55% de lo que es la venta anual”.
Esto convierte a la temporada en una de las principales pruebas de capacidad para una operación que puede producir aproximadamente 7.5 millones de productos terminados cada día.
La demanda de papelería que se concentra en unas semanas debe ser respaldada por una operación manufacturera capaz de atender simultáneamente a México y a mercados internacionales.
México fabrica para Estados Unidos
Cuautitlán tiene una capacidad proyectada de 1.41 billones de productos para 2026 y distribuye su producción a más de 45 países. La planta representa además más del 36% de la producción global de papelería de BIC. Entre sus principales destinos se encuentran Estados Unidos, Canadá, Brasil y los mercados de Europa y África.
Ramírez explicó que Estados Unidos representa alrededor del 54% de lo que fabrica la planta, mientras México concentra el 28%. “Estados Unidos es nuestro cliente principal, pero el segundo país al que nosotros suministramos y que lo tenemos aquí en casa, pues obviamente es México”, señala.
Ese vínculo explica también la importancia logística de Cuautitlán. La planta se ubica cerca del principal mercado de consumo de la compañía y funciona como una pieza estratégica de su cadena de suministro norteamericana. Además de productos terminados, fabrica componentes como puntas de bolígrafo y tintas que son utilizados por otras fábricas de BIC en el mundo.
Para Ramírez, el tamaño de la operación ya coloca a México como uno de los principales polos manufactureros de BIC. “Si me preguntaras cuál es el país que más produce productos BIC: México”, afirma.

La planta de Cuautitlán tiene 780 colaboradores, 59% mujeres y 41% hombres, y alcanzó en 2018 un récord de 2 billones de productos fabricados en México. Para 2026, la proyección es de 1.41 billones.
De papelería a una operación cada vez más diversificada
La estrategia mexicana tampoco se limita a producir los artículos tradicionales que se venden durante el regreso a clases. En Cuautitlán se fabrican seis familias de productos: cuatro tipos diferentes de bolígrafos, además de lápices mecánicos y cintas correctoras.
En particular, la compañía realizó hace dos años una inversión de 4 millones de euros para incorporar la fabricación del bolígrafo de cuatro colores en México. Ramírez explica que esa producción comenzó en el país y que el producto tendrá como principales mercados a Estados Unidos, México y Brasil.
La expansión de capacidades también ocurre en Ramos Arizpe, Coahuila. Ahí BIC realizó en 2024 una inversión cercana a 70 millones de euros para ampliar su operación y comenzó a incorporar nuevas categorías, como cepillos.
La meta es que, en conjunto, las operaciones mexicanas puedan alcanzar una capacidad de entre 2.8 y 2.9 millones de productos para los mercados internacionales.
“México va a ser uno de los más grandes a partir del próximo año”, anticipa Ramírez.
El siguiente reto: producir con más eficiencia
La escala de Cuautitlán no depende solamente del volumen. BIC está combinando automatización, mejoras de procesos y análisis de datos para incrementar la productividad.
Ramírez asegura que buena parte de las ideas de automatización y mejora provienen de los propios colaboradores. La planta utiliza además sistemas de recirculación para reducir desperdicios de plástico y maquinaria automática en procesos de empaque.
Ramírez compartió que la compañía lleva entre un año y medio y dos años incorporando inteligencia artificial, principalmente para analizar datos, mantenimiento, logística, detección de fallas y diseño.
BIC no está simplemente produciendo más para el regreso a clases, sino adaptando su portafolio a cambios en las preferencias de los consumidores.
Lejos de las escuelas, la escritura a mano también conserva funciones vinculadas al arte y la cultura. Esa combinación, sostiene Ramírez, mantiene vigente la demanda de productos de papelería y obliga a BIC a adaptar su oferta a nuevas formas de escribir y a nuevas preferencias de los consumidores; por ello, recientemente han lanzado al mercado bolígrafos de tintas pastel, de punto ultrafino y con figuras decorativas.















