En México, 63% de la población adulta tiene al menos una cuenta de ahorro formal, pero solo 37.3% dispone de algún tipo de crédito, una diferencia de casi 26 puntos porcentuales que evidencia una de las brechas que persisten en la digitalización financiera: tener dinero en una cuenta no necesariamente significa poder utilizarlo para pagar servicios y compras digitales.
Los datos de la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF) 2024, elaborada por el INEGI y la CNBV, muestran que la bancarización avanza a un ritmo distinto al acceso a otros productos financieros. Esto deja a millones de personas con una cuenta bancaria, pero sin crédito y, en algunos casos, sin una tarjeta que puedan utilizar como medio de pago en plataformas digitales.
El reto, por tanto, ya no está únicamente en abrir una cuenta, sino en qué tan fácil es utilizar el dinero que está dentro de ella.
Tener dinero en la cuenta no siempre basta
Buena parte de los servicios digitales todavía tiene a la tarjeta como principal puerta de entrada para cobrar. Suscripciones, plataformas digitales, compras en línea y otros servicios suelen solicitar una tarjeta de débito o crédito, aun cuando el usuario ya tenga fondos disponibles en una cuenta bancaria.
La diferencia es todavía más marcada cuando se observa el acceso al crédito. Entre las mujeres, 58.6% tiene una cuenta de ahorro formal, frente a 36.1% que cuenta con crédito. En los hombres, las proporciones son de 68.0% y 38.8%, respectivamente.
Además, 20.7% de quienes nunca han tenido un crédito formal señala que no cumple con los requisitos para obtenerlo. Para una parte de la población, entonces, la limitante no necesariamente está en la falta de recursos, sino en el acceso a determinados productos financieros.
A esta brecha se suma otra del lado de los comercios. Solo 45.5% de la población considera que en casi todos los negocios donde compra aceptan pagos con tarjeta o transferencia. La diferencia regional también es amplia: el porcentaje alcanza 65.7% en el noroeste, pero cae a 29.8% en el sur del país.
Así, incluso contar con una cuenta o un medio de pago digital no garantiza que exista un punto de aceptación para utilizarlo.
El siguiente paso: pagar directamente desde la cuenta
En este escenario, las empresas de infraestructura de pagos buscan ampliar las alternativas para utilizar directamente el dinero depositado en una cuenta bancaria.
Simón Pinilla, cofundador de DRUO, plataforma de tecnología para integrar cuentas bancarias a los sistemas de cobro de las empresas, plantea que existe una diferencia entre transferir y pagar.
Una transferencia permite mover dinero de una cuenta a otra, mientras que un pago desde cuenta incorpora directamente la cuenta bancaria al proceso de cobro de una empresa, incluso para operaciones únicas, recurrentes o automatizadas.
La diferencia puede ser relevante para los comercios y proveedores de servicios. Cuando el cobro depende de una tarjeta, una operación puede ser rechazada por distintas razones y obligar al usuario a buscar otro medio de pago. Integrar la cuenta bancaria directamente al proceso permite que la empresa gestione el cobro dentro de un mismo flujo.
Pero el cambio también tiene una dimensión de inclusión financiera: una cuenta bancaria podría convertirse en un medio de pago por sí misma, sin que el usuario tenga que depender de una tarjeta de crédito o de acceder a una línea de financiamiento.
Los mexicanos ya administran más su dinero desde el celular
El comportamiento de los usuarios también muestra que la infraestructura para dar ese siguiente paso ya está, en buena medida, instalada.
Entre las personas con una cuenta de ahorro formal, el uso de aplicaciones móviles para consultar o realizar movimientos pasó de 54.3% en 2021 a 69.1% en 2024, de acuerdo con la ENIF.
El usuario, entonces, ya utiliza el celular para administrar su dinero. El reto está en llevar ese mismo comportamiento al momento de pagar.
De hecho, entre 2021 y 2024 el uso de tarjetas físicas ganó terreno en supermercados y tiendas departamentales, con un aumento de 10.2 puntos porcentuales, mientras que las transferencias todavía enfrentan el reto de convertirse en una alternativa de pago más extendida en el consumo cotidiano.
La evolución de los pagos digitales apunta así a una nueva discusión: no basta con que más mexicanos tengan una cuenta bancaria; también necesitan poder utilizar ese dinero de manera sencilla, directa y ampliamente aceptada.
Si la cuenta bancaria logra convertirse en un medio de pago por sí misma, la digitalización podría avanzar hacia una etapa distinta: una en la que el acceso a servicios digitales dependa menos de tener una tarjeta y más de contar con una cuenta activa y dinero disponible en ella.