

El crecimiento del crédito de corto plazo expuso las limitaciones del sistema financiero tradicional para atender picos temporales de gasto en los hogares mexicanos, dijo Luis Rangel, vicepresidente de Crédito en Kueski, al señalar que estas presiones no respondieron únicamente a un fenómeno estacional, sino a problemas estructurales de gestión del ingreso.
“La llamada cuesta de enero no es solo un exceso de gasto de fin de año; es una serie de factores que se juntan, como seguros, impuestos y el regreso a clases, que generan mucha presión desde el arranque del año”, afirmó Rangel.
Añadió que este efecto “no se queda en enero, muchas veces se puede extender incluso hasta marzo”.
De acuerdo con el directivo, esta situación evidenció que una parte importante de la población enfrenta dificultades para anticipar y administrar compromisos financieros recurrentes.
“Todavía existe un tema en el país donde mucha gente no sabe cuáles son las herramientas que tiene para administrarse mejor en cuestión de sus gastos, y eso termina afectando su capacidad para hacer frente a estos periodos de presión”, explicó.
Desde el comportamiento real de los usuarios, Rangel detalló que 21% de los clientes de Kueski utilizó el crédito como una herramienta para organizar sus finanzas personales, particularmente a través de préstamos de muy corto plazo, con vencimientos promedio de 35 días.
“Contamos con un préstamo personal cuyo objetivo es poder hacer frente a imprevistos o necesidades puntuales, y eso es algo que los clientes cada vez entienden mejor”, señaló.
En este contexto, el vicepresidente de Crédito subrayó que la demanda por financiamiento flexible reflejó un vacío en la oferta tradicional.
“Lo que hemos visto es que lo que más ayuda al cliente es el corto plazo, no buscar créditos de más largo plazo que pueden generar un efecto de endeudamiento durante más tiempo”, dijo, al contrastar estos productos con esquemas que comprometen el ingreso mensual por periodos prolongados.
Planeación financiera, el punto crítico
Rangel advirtió que el crédito deja de ser una solución cuando se utiliza como una extensión del ingreso y no como una herramienta de apoyo.
“El problema empieza cuando el cliente adquiere un crédito sin entender exactamente cuál es su estructura de gastos o cuáles son las características de los créditos que ya tiene”, explicó.
Detalló que uno de los principales errores es no registrar los gastos fijos ni los compromisos que se concentran al inicio del año.
“Muchos clientes llegan a diciembre, usan el aguinaldo para pagar parte de sus deudas, pero no siempre logran liquidarlas por completo. Luego vienen otros gastos obligatorios que no se registran y eso desbalancea el flujo”, señaló.
A ello se suma, dijo, la falta de ajustes en el nivel de consumo. “Algunos clientes adquieren el crédito y siguen gastando igual; no bajan su nivel de gasto y cuando llega el momento de pagar, la presión financiera se vuelve mayor”, afirmó.
Entre los factores que permiten un uso responsable del crédito, Rangel destacó la planeación, el control de gastos y la correcta priorización de deudas.
“No necesariamente el crédito con la tasa más alta es el más caro; hay que revisar en cuál se está pagando más intereses en monto y ese es el que primero debería liquidarse”, apuntó.
Asimismo, subrayó la importancia de comparar costos reales antes de contratar un nuevo financiamiento.
“Cuando se adquiere un crédito para compensar un faltante, ese crédito debería ser más barato que los que ya se tienen; de lo contrario, se está contratando deuda más cara”, explicó.
Inclusión financiera y efecto económico
Más allá del impacto en las finanzas personales, Rangel afirmó que el crecimiento del crédito de corto plazo también tiene implicaciones para la inclusión financiera y la actividad económica.
“Cuando más personas tienen acceso al crédito, se empiezan a generar círculos virtuosos en la economía”, sostuvo.
Detalló que una parte relevante de los clientes utiliza estos recursos para financiar pequeños negocios o actividades productivas.
“En nuestros préstamos personales hemos visto que muchos clientes los usan para invertir en sus propios negocios, lo que reactiva la economía y beneficia a otros comercios”, dijo.
Este efecto, añadió, se traduce en mayor consumo, generación de ingresos y, eventualmente, empleo.
“El crédito se vuelve un motor para la economía, pero siempre y cuando se utilice de forma responsable”, enfatizó.
Finalmente, Rangel insistió en que el reto de fondo no es únicamente ampliar el acceso al financiamiento, sino fortalecer la educación financiera.
“Sentarse a planear los gastos, entender para qué se va a usar el crédito y cuándo se va a pagar es lo que hace la diferencia entre que sea una solución temporal o un problema que se arrastre durante todo el año”, concluyó.













