

Lo que parece un beneficio histórico para los trabajadores mexicanos podría convertirse en una trampa de informalidad. Didier García Maldonado, presidente de la Comisión ante Organismos de Seguridad Social del Instituto Mexicano de Contadores Públicos (IMCP), advirtió que, sin un plan de productividad, la reducción de la jornada a 40 horas pone en la cuerda floja a miles de micro y pequeñas empresas que hoy sostienen la economía del país.
En un contexto donde el 55% del empleo en el país se mantiene en la informalidad, el especialista señaló que aplicar la reforma de manera generalizada podría generar presiones adicionales sobre el empleo formal, provocando efectos exactamente contrarios a los que busca la iniciativa de reducción de la jornada semanal.
La informalidad, el mayor desafío estructural
García Maldonado explicó que uno de los principales errores al comparar a México con países que ya redujeron su jornada es ignorar el nivel de informalidad.
A diferencia de economías como Chile o Colombia, México enfrenta una base laboral mucho más frágil, donde más de la mitad de los trabajadores no cuentan con seguridad social.
“Muchos patrones hoy no pueden cubrir las obligaciones laborales aun con una jornada de ocho horas. Pensar que automáticamente, por trabajar menos tiempo, se podrá generar más rendimiento para cumplir con esas cargas es una disyuntiva”, afirmó el directivo.
Micro y pequeñas empresas: las más expuestas
La estructura empresarial del país agrava el problema. Solo alrededor de 16 mil empresas en México cuentan con más de 300 trabajadores registrados ante el IMSS.
Esto implica que cerca del 90% de las empresas son MiPyMEs, unidades con menor capacidad financiera para absorber incrementos en costos laborales.
“Se le está dando el mismo trato a una gran empresa que a una microempresa, cuando sus realidades son completamente distintas”, señaló García Maldonado, comparando la situación con exigirle a un niño el mismo desempeño que a un adulto sin darle los mismos recursos.
Menos horas no garantizan más productividad
Aunque se argumenta que trabajar menos aumenta el rendimiento, el especialista advirtió que en México no existen mediciones claras que respalden ese supuesto a nivel nacional.
“Antes de reducir la jornada, deberíamos tener estudios que digan cuál es la productividad real del trabajador mexicano. No se puede copiar un modelo extranjero sin considerar el contexto económico y cultural”, sostuvo.
La gradualidad: un avance con límites
Sobre el diseño actual de la iniciativa, García Maldonado consideró que la aplicación gradual es una mejora frente a la propuesta original de recorte inmediato. Este esquema permitiría a las empresas planear ajustes y observar el comportamiento financiero de manera escalonada.
Sin embargo, advirtió que la gradualidad por sí sola no elimina los riesgos para los pequeños negocios si no reciben acompañamiento gubernamental.
El riesgo real: el cierre de fuentes de empleo
El especialista descartó un colapso económico total, pero alertó sobre el cierre de empresas.
“Una empresa es como una persona: si se enferma y no recibe apoyo, puede morir. Y cuando muere una empresa, se pierden fuentes de empleo”, afirmó.
Una implementación apresurada podría empujar a las empresas a reducir plantillas o migrar a esquemas informales para sobrevivir.
Como solución, el IMCP recomienda que el gobierno acompañe la reforma con apoyos específicos para micro y pequeñas empresas, además de realizar programas piloto.
“Más que llegar primero, lo importante es saber llegar. Se debe tomar tiempo, hacer pruebas y, con base en resultados reales, tomar decisiones”, concluyó.
















