- ¿Por qué las tiendas online siguen perdiendo clientes después de invertir miles de dólares en publicidad?
- Loybox para e-commerce mexicano: cómo funciona el programa de fidelización que busca aumentar la recompra
- México, el mercado donde la fidelización encuentra mayor aceptación
- El mayor error de las marcas no es lanzar un programa de lealtad, sino pensar que funciona solo
- De una cafetería de barrio a una plataforma internacional: la historia detrás de Loybox
Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, INEGI, en México cierran cada año alrededor de 466,000 pymes. En promedio, 145 de cada 10,000 negocios bajan la cortina cada mes. Las cifras son alarmantes.
En este sentido, para que una empresa logre superar su esperanza de vida promedio, de entre siete y ocho años, necesita clientes, pero -por sobre todo- lograr que regresen. Esa fue la oportunidad que detectó un grupo de ingenieros de entre 20 y 24 años al crear Loybox, una plataforma de fidelización que busca ayudar a tiendas físicas y comercios electrónicos a convertir compradores ocasionales en clientes recurrentes. De esta manera, buscan contribuir a que mas empresas se sostengan en el tiempo y vean crecer sus ganancias sin desperdiciar su dinero en costosas campañas de publicidad.
Para lograrlo, Loybox desembarcó en México con objetivo claro y simple: convertir compradores esporádicos en clientes fieles para que tiendas físicas, pero en especial las tiendas en línea o e-commerce dejen de depender ciento por ciento de la publicidad.
La mayoría de las tiendas online comparte el mismo desafío: cada mes destinan buena parte de su presupuesto a campañas en de publicidad en buscadores, en redes sociales, con influencers y hasta en radio y TV para conseguir nuevos compradores, pero una vez concretada la venta, la relación termina ahí.
El resultado es un ciclo costoso en el que las marcas pagan una y otra vez por captar clientes que nunca regresan. Esa es precisamente la oportunidad que ubicó Loybox, la startup argentina que ahora acelera su expansión en México con una plataforma diseñada para transformar la adquisición en retención.
“La competencia aumentó muchísimo y hoy muchas marcas invierten casi todo su presupuesto en publicidad para traer clientes nuevos, pero no tienen una estrategia clara para hacer que vuelvan. Terminan pagando una y otra vez por traer gente que compra una sola vez y no vuelve”, explica en entrevista con El Cronista México Ignacio Prados, uno de los argentinos que cofundó esta loyalty tech.
La empresa acaba de dar un giro estratégico. Después de operar durante tres años con una aplicación compartida entre distintos comercios, evolucionó hacia un modelo de programas de fidelización completamente personalizados para cada marca.
El objetivo de Loybox hoy es que cualquier negocio pueda ofrecer una experiencia similar a la de Starbucks o McDonald’s, pero sin desarrollar tecnología propia y en cuestión de semanas. “Lo que hacemos hoy es armarle a cada marca su propio programa de fidelidad, integrado tanto en la tienda online como en el local físico y funcionando de forma sincronizada”, afirma Prados.
El cambio responde a una necesidad que el equipo detectó especialmente entre los comercios electrónicos. “Nos dimos cuenta de que las marcas medianas y grandes valoraban muchísimo tener algo personalizado”, apunta.
“Ahí fue cuando entendimos que el mayor valor estaba en construir un producto propio para cada una y no una aplicación compartida”, sostiene el emprendedor.
¿Por qué las tiendas online siguen perdiendo clientes después de invertir miles de dólares en publicidad?
Para Ignacio Prados, el problema no es atraer compradores, sino desperdiciar la oportunidad de convertir esa primera compra en una relación de largo plazo. La adquisición se volvió cada vez más cara y, sin embargo, muchas empresas continúan enfocando prácticamente todo su presupuesto en captar nuevos usuarios sin desarrollar mecanismos para aumentar la recurrencia.
“Hoy hacer que un cliente vuelva es mucho más barato que conseguir uno nuevo. Ahí es donde entra Loybox: transformamos esa inversión en adquisición en clientes que vuelven, gastan más y recomiendan la marca”, resume.
Loybox para e-commerce mexicano: cómo funciona el programa de fidelización que busca aumentar la recompra
La plataforma fue desarrollada especialmente para integrarse con tiendas online como Tiendanube, WooCommerce y VTEX. Una vez implementada, el cliente comienza a sumar puntos automáticamente después de cada compra y puede canjear beneficios sin abandonar el proceso de compra.
“Cuando alguien compra una prenda por internet, automáticamente recibe un correo con los puntos obtenidos. Dentro de la misma tienda encuentra su programa de fidelidad, donde administra sus puntos, premios y beneficios. Todo ocurre de manera instantánea”, explica Prados.
Entre las herramientas que incorpora Loybox destacan:
- Programa de puntos completamente integrado a la tienda en línea.
- Segmentación automática de clientes para campañas personalizadas.
- Recomendaciones de productos mediante basado en la experiencia del cliente.
- Automatización de campañas por WhatsApp y correo electrónico.
- Cross-selling y recuperación de clientes inactivos.
- Información unificada sobre el comportamiento de compra.
Pero el verdadero diferencial, asegura el ejecutivo, está en el uso inteligente de los datos. “Las marcas están acostumbradas a lanzar descuentos masivos que terminan reduciendo sus márgenes. Nosotros buscamos que puedan segmentar a sus clientes y enviar campañas mucho más personalizadas y efectivas.”
México, el mercado donde la fidelización encuentra mayor aceptación
Aunque Loybox nació en Buenos Aires, el desembarco en México fue impulsado por Tiendanube tras detectar una necesidad concreta entre los comercios electrónicos del país.
“La propia Tiendanube nos dijo: ‘Tenemos clientes en México que podrían usar esta herramienta’. Así empezamos a trabajar allá”, remarcó Prados.
El ejecutivo sostiene que rápidamente encontraron diferencias frente al mercado argentino. En primer lugar, las marcas mexicanas muestran mayor disposición a invertir en crecimiento. Además,los consumidores aceptan con más facilidad los programas de fidelización. Y finalmente, la competencia obliga a las empresas a diferenciarse más allá del precio.
“En México notamos que los consumidores valoran más la relación con las marcas. Si ya compraron un buen producto y además reciben beneficios, es mucho más probable que vuelvan a elegir esa empresa”, concluye.
El mayor error de las marcas no es lanzar un programa de lealtad, sino pensar que funciona solo
Para Prados, muchas empresas todavía ven la fidelización como un software que simplemente se instala y comienza a generar resultados de manera automática.
Esa percepción, asegura, explica por qué numerosos programas fracasan antes de mostrar su verdadero potencial. “El error más grande es pensar que el programa de fidelidad es algo que enchufás, configuras un par de puntos y premios, y ya está. ¡No funciona así! Hay que venderle el programa al cliente y hacer que forme parte de la experiencia de compra”, sostiene.
En ese proceso, el personal de cada negocio termina siendo tan importante como la tecnología. “Los empleados son la cara visible de la marca. Si ellos no comunican los beneficios, difícilmente el cliente se va a sumar por sí solo. Capacitar al equipo hace una diferencia enorme”, afirma.
La experiencia de una cadena de farmacias en Argentina terminó confirmando esa hipótesis. Contra todo pronóstico, uno de los segmentos con mayor adopción fue precisamente el de adultos mayores.
“Veíamos personas de 60, 70 u 80 años entrando directamente a pedir que les sumaran puntos. Eso demuestra que cuando la experiencia es simple y el personal acompaña al cliente, la barrera tecnológica prácticamente desaparece.”
Para el cofundador de Loybox, la fidelización también representa una herramienta de diferenciación en mercados donde competir únicamente por precio ya no alcanza. “Cuando un cliente sabe que está acumulando beneficios, aparece una barrera psicológica muy fuerte para cambiar de marca. Empieza a pensar: ‘Si compro una vez más acá, voy a obtener un premio’. Eso hace que vuelva, compre con mayor frecuencia y termine gastando más.”
De una cafetería de barrio a una plataforma internacional: la historia detrás de Loybox
Todo comenzó con una conversación entre amigos universitarios y una cafetería que estaba a punto de abrir sus puertas.
Facundo Pedaccio, uno de los fundadores de la compañía, tenía un tío que estaba por inaugurar una cafetería de especialidad y no quería depender de las clásicas tarjetas de cartón que se sellan con cada compra, típicas en los negocios de Argentina.
La idea despertó una pregunta entre un grupo de estudiantes de Ingeniería Informática de la UADE: si grandes cadenas como Starbucks podían fidelizar clientes mediante una aplicación, ¿por qué una pyme no podía acceder a la misma tecnología? Así nació Loybox.
“Nosotros éramos ingenieros de software y pensamos que tenía que existir una forma mucho mejor de hacer fidelización. No queríamos solamente digitalizar una tarjeta física; queríamos que las marcas pudieran conocer a sus clientes y generar una relación mucho más valiosa”, recuerda Ignacio Prados.
Sin inversión inicial, sin oficinas y aprovechando únicamente créditos para startups de plataformas tecnológicas, el equipo comenzó a recorrer comercios puerta por puerta para ofrecer la solución, logrando así una facturación actual anual alrededor de los 50.000 dólares. El equipo tiene como objetivo “llegar a USD 200.000 de ARR para fin de 2026″, indicó Loybox.
El grupo está hoy integrado por Facundo Pedaccio (24 años), CEO; Ignacio Prados (23), CPO; Federico Solanes (23), CTO; Juan Ignacio Boiko (23), COO; y Francisco Castagnaro (23), Software Engineer.
Durante tres años trabajaron con una aplicación compartida por cientos de comercios, aprendiendo de primera mano cómo compraban los consumidores y qué necesitaban realmente las marcas.
Ese aprendizaje terminó dando origen al producto que hoy impulsa la expansión internacional de la compañía. En lugar de desarrollar software desde cero para cada cliente, un proceso que puede costar miles de dólares y tomar varios meses, Loybox construyó una plataforma lista para personalizarse en apenas unas semanas.
“Ya tenemos toda la tecnología desarrollada. Lo único que hacemos es adaptarla a cada marca. En dos o tres semanas pueden tener funcionando un programa completamente propio, con su identidad y conectado tanto a su tienda online como a sus locales físicos”, explica Prados.
La apuesta ahora está puesta en México, un mercado que consideran especialmente atractivo por la madurez de sus marcas digitales y su disposición a invertir en estrategias de crecimiento de largo plazo. “Somos muy optimistas con México. Hay muchas empresas que quieren fidelizar clientes, pero desarrollar una solución propia sigue siendo demasiado costoso. Nosotros buscamos democratizar esa tecnología para que cualquier marca pueda competir con herramientas que antes solo estaban al alcance de las grandes cadenas”, concluye.
Con esa visión, Loybox no busca competir por ayudar a vender una vez más, sino por resolver el verdadero desafío del comercio electrónico: convertir cada compra en el inicio de una relación duradera entre las marcas y sus clientes, y con efecto dómino, que la empresa y su comercio en línea no tenga fecha de caducidad.