

La desigualdad global alcanzó un nuevo umbral de concentración que desafía la estabilidad de los sistemas financieros tradicionales. Según el más reciente reporte de Oxfam, el 0.1% más rico de la población mundial controla hoy cerca del 80% de la riqueza oculta en paraísos fiscales, un volumen de activos que supera la riqueza conjunta de la mitad más pobre del planeta.
Esta práctica, conocida como arquitectura de opacidad, permite que unos u$s 13 billones se mantengan en activos offshore, o paraísos fiscales, de los cuales 3.55 billones permanecen totalmente fuera del alcance de las autoridades fiscales.
El reporte de Oxfam se presenta a 10 años del surgimiento de los Papeles de Panamá, y la organización dice que los resultados “muestran que, una década después, los más ricos siguen aprovechando los sistemas extraterritoriales para evadir impuestos y ocultar activos”.
En consecuencia, dice la agencia, es urgente una acción internacional coordinada para gravar la riqueza extrema y poner fin al uso de los paraísos fiscales.
La cifra representa un monto superior al producto interno bruto de potencias como Francia y, en combinado, suma el PIB de los 44 países menos desarrollados del mundo. A pesar del volumen monetario, estos recursos ocultos desnudan que la acumulación de capital no solo se acelera, sino que se vuelve cada vez más invisible para los Estados.
“No se trata solo de una ingeniosa estrategia contable, sino de poder e impunidad”, dijo Christian Hallum, lider fiscal de Oxfam International. “Cuando los millonarios y multimillonarios esconden billones de dólares en paraísos fiscales extraterritoriales, se sitúan por encima de las obligaciones que vinculan al resto de la sociedad”.
Las consecuencias de esta práctica, dice Hallum, son tan predecibles como devastadoras: “Vemos cómo nuestros hospitales y escuelas públicas se ven privados de fondos, cómo nuestro tejido social se desmorona debido al aumento de la desigualdad y cómo la gente común se ve obligada a asumir los costos de un sistema amañado para enriquecer a unos pocos”.
En esta situación, Oxfam insta a los gobiernos a:
- Reforzar la cooperación mundial inclusiva para gravar a los más ricos y acabar con los paraísos fiscales en el marco del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional, al tiempo que se apoyan iniciativas regionales e internacionales complementarias.
- Reforzar las autoridades fiscales y la transparencia financiera, dotando a los gobiernos de las herramientas necesarias para identificar y rastrear la riqueza de las personas más ricas, incluso mediante un registro mundial de activos.
- Garanticen que el 1 % más rico pague tipos impositivos efectivos significativamente más elevados sobre los ingresos tanto del trabajo como del capital, con tipos aún más altos para los multimillonarios y los billonarios.
- Introduzcan impuestos sobre la riqueza extrema, dirigidos especialmente al 1 % más rico, a niveles suficientes para reducir la desigualdad.
El despegue de los ricos de Latam
Este fenómeno tiene una expresión particularmente aguda en América Latina, donde la brecha entre la élite económica y el resto de la población se ha institucionalizado. Datos analizados por El Cronista México indican que la riqueza de las grandes fortunas en la región creció más de un 400% en los últimos 25 años, un ritmo que quintuplica el avance promedio de la economía regional en el mismo periodo.
Patrimonios de figuras clave como Carlos Slim o Marcos Galperín ilustran la magnitud de esta concentración, pero el problema de fondo trasciende los montos individuales.
Oxfam advierte que esta acumulación extrema se traduce en una capacidad de influencia desproporcionada sobre las reglas del mercado, las políticas de regulación y los marcos tributarios, lo que erosiona la capacidad de los gobiernos para financiar servicios públicos esenciales en un contexto de alta presión sobre el gasto social.
















