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Un cráneo infantil de 140,000 años de antigüedad muestra características tanto de humanos modernos como de neandertales, lo que sugiere que podría tratarse de un híbrido entre ambas especies. El descubrimiento sacude las ideas establecidas sobre la evolución humana.

Los restos pertenecen a una niña de entre 3 y 5 años enterrada en la cueva de Skhul, en Israel. El sitio forma parte del cementerio humano más antiguo del mundo.

El cráneo presenta una mezcla curiosa de rasgos: la parte del cerebro muestra características típicas del Homo sapiens, mientras que la mandíbula se asemeja más a la de un neandertal. Nuevas tomografías computarizadas permitieron a los científicos comparar el cráneo con otros especímenes tras quitar virtualmente el yeso con que fue reconstruido años atrás.

Un hallazgo que divide a los expertos

Anne Dambricourt Malassé, paleoantropóloga francesa, aseguró que “no hay manera” de que esta morfología represente la variabilidad normal del Homo sapiens. Según ella, la niña era “objetivamente” un híbrido.

El cráneo híbrido que abre debate sobre el origen de la especie humana. Fuente: archivo

Chris Stringer, del Museo de Historia Natural de Londres, tiene otra opinión: aunque reconoce que la mandíbula parece primitiva, considera que todos los restos fósiles se alinean principalmente con el Homo sapiens.

El ADN, la clave que aún falta

John Hawks, antropólogo estadounidense, advierte que los científicos no pueden identificar definitivamente al individuo como híbrido sin extraer su ADN. La discusión no es menor: se sabe que los humanos modernos sí se reprodujeron con neandertales en el pasado.

De hecho, la mayoría de las personas en el mundo portan actualmente entre 1% y 3% de ADN neandertal, evidencia directa de que la mezcla entre ambas especies ocurrió. Si se lograra secuenciar el material genético del cráneo de Skhul, podría resolverse uno de los debates más encendidos de la paleoantropología moderna.