Después de dos años bajo la influencia de La Niña, México se aproxima a un punto de inflexión climático. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) ya tiene en sus manos los modelos que anticipan el regreso del fenómeno de El Niño, y esta vez las proyecciones apuntan a un episodio de proporciones inusuales.
¿Qué es realmente El Niño y por qué importa tanto esta vez?
El fenómeno no es exclusivo de México. Forma parte de un sistema planetario llamado ENOS —El Niño-Oscilación del Sur— que regula el intercambio de energía entre el Océano Pacífico ecuatorial y la atmósfera. En su fase cálida, el agua del Océano Pacífico oriental se calienta por encima de lo normal durante períodos que van de 9 a 18 meses, alterando las lluvias, los vientos y la actividad ciclónica en amplias regiones del planeta. Su contraparte fría, La Niña, hace lo opuesto y puede persistir hasta tres años. Cuando ninguno de los dos domina, se habla de fase neutra.
Lo que hace especial el episodio que se aproxima no es solo su llegada, sino su magnitud proyectada. Los modelos dinámicos sugieren que esta edición podría superar los 2 grados de anomalía positiva en la temperatura del mar, umbral que define un “Super Niño”. Para entender la dimensión de eso, basta recordar que el evento de 2015 —uno de los más intensos registrados— generó un superávit de lluvias en México, mientras que el de 2023 produjo un déficit considerable.
El calendario del fenómeno: tres ventanas clave que el SMN quiere que conozcas
El establecimiento de El Niño no ocurre de un día para otro; es una transición que se extiende a lo largo de varios meses. Según las proyecciones presentadas por el SMN, el desarrollo del fenómeno seguirá un ritmo progresivo durante 2026.
Entre mayo y julio se espera la fase de inicio. La probabilidad de que el fenómeno se formalice en ese trimestre es del 61%, lo que indica que el proceso ya estaría en marcha cuando comience la temporada de lluvias y ciclones.
De agosto a octubre la presencia del fenómeno se vuelve casi segura: la probabilidad escala hacia un 90% y su intensidad se estabilizaría en niveles de moderados a fuertes. Este es el período en que El Niño ya estaría condicionando activamente el comportamiento atmosférico sobre el país.
La ventana más crítica, sin embargo, llega entre noviembre, diciembre y enero. En ese trimestre es cuando los pronósticos apuntan a que la anomalía de temperatura podría rebasar los 2 grados.
¿Más ciclones o menos lluvias? El doble efecto que cambia las reglas del juego
La relación entre El Niño y el clima de México no sigue una fórmula única, y eso es precisamente lo que obliga a seguir de cerca los informes del SMN conforme avance la temporada.
En materia de ciclones, el fenómeno opera como un filo de doble filo. Por un lado, los vientos intensos en altura que genera tienden a inhibir la formación de huracanes en el Atlántico y el Caribe. Por el otro, el calentamiento de las aguas del Pacífico puede dar lugar a tormentas más intensas sobre esa cuenca. Para México, que tiene costas en ambos océanos, eso significa que la amenaza no desaparece: simplemente cambia de origen.
En cuanto a las lluvias, la historia muestra patrones que se repiten, pero no se garantizan. Históricamente, El Niño tiende a traer inviernos más húmedos al norte del país y primaveras más secas en el centro y la Península de Yucatán. Pero el SMN es enfático en advertir que no existe un patrón fijo. La recomendación de la institución pública es clara: mantenerse informado a través de sus boletines oficiales.