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Un reciente estudio arqueológico ha sacudido los cimientos de la historia tecnológica en el Valle del Nilo. Un minúsculo objeto de metal, de apenas 63 milímetros y 1.5 gramos, ha sido identificado como el taladro metálico rotatorio más antiguo de Egipto.

Este hallazgo no solo adelanta el dominio de herramientas de alta precisión en más de dos milenios, sino que revela un nivel de sofisticación técnica inesperado para la época.

La pieza fue excavada hace un siglo en el cementerio de Badari, en el Alto Egipto, pero permaneció literalmente olvidada en un cajón del Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad de Cambridge. Lo que originalmente se catalogó como un simple punzón, resultó ser una herramienta de ingeniería avanzada tras ser sometido a análisis con tecnología moderna, siguiendo una pista que parecía salida de una serie de investigación criminal.

Del arco a la broca: una proeza de rotación antigua

Los investigadores determinaron que se trata de un taladro de arco, una herramienta que funcionaba enrollando una cuerda de cuero alrededor de un eje. Al mover el arco hacia adelante y hacia atrás, la broca giraba a gran velocidad, permitiendo perforaciones precisas.

El análisis exhaustivo reveló marcas inconfundibles de este uso mecánico, tales como estrías de rotación, una curvatura específica por la tensión y restos microscópicos de fibras de cuero.

La construcción y el arte sitúa al Egipto predinástico en un escalón de innovación superior.Archivo

Este descubrimiento demuestra que los egipcios dominaron la tecnología de rotación mucho antes de lo que la humanidad suponía. La capacidad de crear herramientas de alto rendimiento para la construcción y el arte sitúa al Egipto predinástico en un escalón de innovación superior, redimensionando el origen de las proezas arquitectónicas que más tarde darían lugar a las monumentales pirámides.

La química detrás de la dureza y el comercio global

Una de las mayores interrogantes era cómo una herramienta tan antigua podía perforar materiales duros sin deformarse. La respuesta se encontró mediante espectrometría de fluorescencia de rayos X, que reveló una aleación inusual y estratégica.

El taladro no era de cobre puro, sino que contenía una mezcla de arsénico, níquel, plomo y plata; el arsénico, específicamente, otorgaba al metal una dureza necesaria para resistir la fricción continua.

La sofisticación egipcia comenzó en la escala microscópica.

Más allá de la mecánica, esta combinación de metales tiene una lectura histórica profunda. La presencia de estos elementos apunta a sólidas conexiones comerciales con el Mediterráneo oriental. Esto sugiere que, mucho antes de la unificación de los faraones, el Egipto predinástico ya formaba parte de una red global de intercambio de materiales exóticos y conocimientos tecnológicos.

Este pequeño objeto de 1.5 gramos ha logrado lo que grandes monumentos no pudieron: probar que la sofisticación egipcia comenzó en la escala microscópica.