El presidente estadounidense, Barack Obama, presionó el viernes a Europa para que gire hacia una política más propensa al crecimiento y se aleje de la austeridad, para poner freno a una crisis que amenaza con expulsar a Grecia de la zona euro y causar consecuencias en todo el mundo.

Marcando el tono para la cumbre del G-8 de este fin de semana, Obama dejó claro que se alinea con los esfuerzos del nuevo presidente francés en favor de más estímulos económicos en la eurozona, plagada por la recesión, en lugar de enfatizar los programas de recortes de gastos defendidos por Alemania.

La postura de Obama refleja su temor a que el contagio de la eurozona, que amenaza el futuro de su moneda única, pueda dañar la débil recuperación de la economía estadounidense y sus propias posibilidades de reelección en noviembre.

Tras reunirse en la Casa Blanca con el presidente francés, François Hollande, Obama dijo que los dos están de acuerdo en que abordar la crisis de la eurozona es “un asunto de extraordinaria importancia, no sólo para la gente de Europa, sino también para la economía mundial”.

“‘Estamos esperando una discusión fructífera esta tarde y mañana con otros líderes del G-8 sobre cómo podemos manejar una aproximación responsable a la consolidación fiscal que esté aparejada con una agenda de crecimiento”, declaró el mandatario.

La canciller alemana, Angela Merkel, que insistió en la necesidad de una dura disciplina fiscal para recortar los asfixiantes niveles de deuda en la eurozona, podría verse cada vez más sola en la cubre de Camp David, en Maryland.

Si bien Hollande y Obama encontraron puntos de acuerdo económico antes de la cumbre, la reunión también mostró las diferencias por el compromiso de Francia con la misión militar de la OTAN en Afganistán.