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En medio del ruido político que generó la victoria de Zohran Mamdani en Nueva York, otra elección de alto impacto quedó parcialmente fuera del radar internacional: el triunfo de Katie Wilson en Seattle.

No se trató de una ciudad cualquiera. Seattle, sede de Amazon, Microsoft y Boeing, epicentro del boom tecnológico que concentra más de 3 billones de dólares en valor de mercado, eligió como alcaldesa a una activista demócrata con propuestas que incomodaron tanto al establishment como al presidente Donald Trump.

Katie Wilson se mostró con los líderes de la comunidad india de nuestra región

La elección, celebrada el 4 de noviembre, marcó un punto de inflexión. Wilson, sin experiencia previa en cargos electivos, derrotó al alcalde saliente Bruce Harrell, un demócrata centrista respaldado por las grandes corporaciones. El resultado final fue ajustado: 50% contra 49%, en una votación con participación récord para una elección municipal (55%). “Nadie había previsto esto”, reconoció Wilson tras confirmarse su victoria, en una campaña que comenzó casi por accidente a principios de año.

¿Por qué dos demócratas compitieron por la alcaldía?

Seattle aplica un modelo de elección “no partidista” para cargos municipales. Esto significa que, en la primera ronda (primarias abiertas), todos los candidatos compiten sin etiqueta partidaria y los dos más votados pasan a la elección general. En este caso, tanto Bruce Harrell (alcalde saliente) como Katie Wilson estaban inscriptos como demócratas, pero representaban corrientes opuestas dentro del partido:

Pero ¿quién es Katie Wilson y cómo llegó a convertirse en la figura que desafió al establishment en uno de los principales centros tecnológicos Estados Unidos?”

Katie Wilson nació en Binghamton, Nueva York, en una familia de académicos. Hija de investigadores en biología, creció en un entorno marcado por el activismo social: en la secundaria cofundó una sección de la asociación Food Not Bombs y participó en campañas por los derechos de los animales. Se mudó a Seattle en 2004, donde años más tarde fundó la Transit Riders Union, una organización dedicada a mejorar el transporte público y reducir las desigualdades en la movilidad urbana.

A sus 43 años, Wilson encarna un perfil atípico en la política estadounidense: madre de una niña pequeña, alquila un departamento de 55 m² y sin automóvil propio. Nunca ocupó un cargo electivo antes de esta elección. Su salto a la política se produjo tras años de trabajo comunitario y defensa de políticas progresistas, como el impuesto a las grandes corporaciones para financiar vivienda social y la ampliación del acceso a servicios públicos. “Defendemos a los más vulnerables”, afirmó en su campaña, prometiendo convertir Seattle en un laboratorio de políticas inclusivas.

Un laboratorio progresista en la capital tecnológica

Seattle no es solo una ciudad rica en innovación. También es una urbe atravesada por tensiones sociales profundas. El precio medio de la vivienda superó el millón de dólares, según The New York Times, mientras que el condado de King registró un aumento sostenido de la desigualdad por encima del promedio nacional.

En Seattle, el precio medio de la vivienda superó el millón de dólares.

El Brookings Metro Monitor 2025 advierte que “las áreas metropolitanas con fuerte crecimiento tecnológico, como Seattle, enfrentaron una paradoja: expansión económica sin mejoras proporcionales en la asequibilidad de la vivienda, lo que amplió las brechas sociales y desplazó a miles de residentes”. El informe subraya que la falta de políticas redistributivas y la concentración de riqueza en sectores de alta tecnología “erosionaron la cohesión social y generaron presiones políticas para reformas locales”.

Por su parte, el Urban Institute señala que “la crisis habitacional en Estados Unidos se agravó por décadas de subproducción y costos crecientes, afectando especialmente a ciudades tecnológicas como Seattle, donde los precios se dispararon mientras los salarios de la mayoría se estancaron”. El informe propone medidas como impuestos progresivos y expansión del parque habitacional, exactamente el tipo de políticas que Wilson defendió en su campaña.

Wilson capitalizó ese malestar con un programa centrado en vivienda asequible, impuestos a las rentas altas, creación de refugios para personas sin hogar y acceso gratuito al cuidado infantil. “Defendemos a los más vulnerables. Creemos en la democracia, en la acción climática, en servicios públicos sólidos y en empleos de calidad”, afirmó en su plataforma de campaña.

El factor Trump y la reacción conservadora

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca funcionó como catalizador. Sus amenazas de recortar fondos federales a ciudades demócratas y de enviar tropas de la Guardia Nacional movilizaron al electorado progresista. Wilson prometió convertir Seattle en un “laboratorio de políticas progresistas” y lanzó un mensaje directo: “Seattle será una ciudad a prueba de Trump”.

Según Katie Wilson, Seattle será una ciudad a prueba de Trump.EFE / EPA / JIM LO SCALZO / POOL

La respuesta del presidente no tardó. En una reunión con Gianni Infantino, jefe de la FIFA, Trump insinuó que Seattle podría perder su condición de sede del Mundial 2026: “Si creemos que habrá un problema en Seattle, donde la alcaldesa es muy, muy liberal, casi comunista […] trasladaremos el evento a un lugar donde sea apreciado y seguro”. Una reacción que, según analistas, reveló la magnitud simbólica del triunfo.

Paralelismos y diferencias con Mamdani

Como en Nueva York, la campaña de Wilson se apoyó en una movilización masiva de voluntarios y en el voto tardío por correo, dominado por jóvenes y progresistas. Millennials y Generación Z inclinaron la balanza en una ciudad que ya había sido pionera en aprobar el salario mínimo de 15 dólares por hora y en gravar a las grandes corporaciones con el llamado “Amazon Tax”.

Sin embargo, Wilson se diferenció de Mamdani en un punto clave: no pertenece a los Demócratas Socialistas (DSA) ni impulsó la campaña BDS contra Israel. Su estrategia fue más pragmática: “La alcaldía es un cargo ejecutivo. No se puede postular a la alcaldía y decir que se quiere desmantelar el sistema. Se está pidiendo dirigir el sistema”, explicó en una entrevista.

Wilson se diferenció de Mamdani en un punto clave: no pertenece a los Demócratas Socialistas (DSA) .EFE


¿Un cambio de tendencia en la política estadounidense?

El triunfo de Wilson, sumado al de Mamdani, plantea interrogantes sobre el futuro del Partido Demócrata y sobre la capacidad de las nuevas generaciones para desafiar la hegemonía de las élites. Para Brookings, “la presión por políticas redistributivas en ciudades tecnológicas es una respuesta directa a la concentración de riqueza y a la exclusión habitacional”. Urban Institute coincide: “Sin intervenciones locales, la desigualdad seguirá creciendo y alimentará tensiones políticas que ya se reflejan en las urnas”.

Seattle, que en los años 90 fue epicentro de las protestas contra la globalización, vuelve a ocupar un lugar central en el debate político. Esta vez, no por las calles tomadas por manifestantes, sino por una elección que podría redefinir el mapa del poder urbano en Estados Unidos.