Israel confirmó este miércoles que asesinó al ministro de Inteligencia de Irán, Ismail Khatib, en un bombardeo nocturno, en uno de los golpes más sensibles contra la estructura de poder del régimen desde el inicio de la guerra el 28 de febrero.
El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, aseguró que Khatib era una figura central en el aparato represivo interno, responsable de coordinar detenciones, operaciones encubiertas y la persecución de opositores durante las protestas recientes. También lo vinculó con redes de ciberespionaje y ataques informáticos contra gobiernos occidentales.
Además, Katz confirmó un cambio de estrategia. Israel autorizó eliminar a cualquier alto funcionario iraní sin necesidad de nuevas aprobaciones, lo que en términos militares implica ampliar el “targeting” hacia objetivos políticos de alto nivel. “Nadie en Irán goza de inmunidad”, advirtió, en una señal de que la ofensiva entra en una fase más agresiva.
Horas antes, el jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, prometió una represalia “decisiva” ante el asesinato previo de otro funcionario del régimen, Ali Larijani, cuya muerte fue confirmada el miércoles por la mañana.
Aseguró que se utilizarán todas las capacidades disponibles para vengar la muerte de Larijani y otras figuras de alto rango.
“Trump debería esperar las sorpresas de Irán”, agregó el comandante del mando central iraní, Ali Abdollahi Aliabadi, y agregó que los enemigos del país “se arrepentirán para siempre”.
Ese mensaje ya empezó a traducirse en el terreno. Irán intensificó el lanzamiento de misiles balísticos contra territorio israelí y uno de los impactos en Ramat Gan, en el área metropolitana de Tel Aviv, provocó la muerte de dos civiles y daños en edificios residenciales.
También hay señales de una escalada en la calidad del armamento. Irán anticipó a la prensa estatal que en los próximos días comenzará a utilizar armas “más modernas” en la escalada regional.
A esto se suma un factor particularmente sensible: la cercanía del conflicto con instalaciones nucleares. La central de Bushehr, ubicada sobre el golfo Pérsico, fue alcanzada por un proyectil, aunque el Organismo Internacional de Energía Atómica informó que no se registraron daños ni fugas radiactivas.
Sin embargo, el riesgo de estos ataques es estructural. Este tipo de infraestructura concentra material altamente sensible y cualquier impacto relevante podría derivar en un incidente de gran escala, incluso sin intención directa de provocar un evento nuclear. El director del organismo, Rafael Grossi, volvió a pedir “máxima contención”, en un contexto donde los ataques ya alcanzaron zonas estratégicas.
Los mercados y la guerra en Medio Oriente
El impacto económico de la escalada ya se refleja con claridad en los mercados internacionales.
El petróleo muestra alta volatilidad. El barril de Brent, referencia global, cotiza en torno a los u$s 104,7, con una suba diaria cercana al 1,2%, después de haber caído más de 2% en la apertura hasta un mínimo de u$s 100,3.
El punto crítico sigue siendo el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo.
En paralelo, los mercados financieros muestran una reacción contenida pero vigilante. Las bolsas europeas operan en alza —con subas cercanas al 1% en plazas como Madrid o París— en medio de un clima de cautela.
El gas natural en Europa cae cerca de 3% hasta los 50 euros por megavatio hora, aunque ese descenso responde a factores puntuales de oferta y no elimina el riesgo estructural asociado al conflicto.
En otros activos, el oro retrocede levemente hasta los u$s 4.959 y el bitcoin cae alrededor de 1,7%, lo que indica que todavía no hay una huida masiva hacia refugios, aunque sí un posicionamiento más defensivo.
Con información de EFE.