Con los números de la elección legislativa de ayer sobre la mesa, Hillary Rodham Clinton empezará a definir finalmente su carrera por la presidencia de los Estados Unidos para suceder a Obama en 2016. Esa decisión política, que la ex primera dama y ex secretaria de Estado deberá primero lanzar formalmente,ya que aún no lo ha hecho. es uno de los temas que se siguen con especial atención en Washington en medio de la definición electoral de medio término.
Hillary lidera con comodidad los sondeos para las futuras primarias presidenciales entre los potenciales candidatos demócratas. Consigue un 63% de respaldo, frente a un 11%, por ejemplo, del actual vicepresidente Joe Biden, o un 10% de Elizabeth Warren, senadora de Massachusetts de reconocido carisma.
Si los votos que se computaban al cierre de esta edición le otorgan al Partido Republicano una fuerte victoria, la amenaza de un bloqueo opositor en el Congreso en los próximos dos años y una fuerte resistencia de ese partido hacia su figura, podría complicar las chances de Hillary, coinciden los analistas consultados por El Cronista.
Sin embargo, reconocen también que la ex funcionaria de Obama es la mejor posicionada hasta el momento, aún sobre los candidatos republicanos, y que sea cual fuere el resultado de ayer nada garantiza que los demócratas no logren retomar tanto el Congreso como buena parte de su base de votantes en las próximas elecciones.
Hillary deberá además adecuar, con la lectura política más fina de los resultados de anoche, los ejes de su discurso, seguramente orientado a respaldarse en el voto femenino y en recuperar la base del voto demócrata del Obama 2008 (fuerte presencia de hispanos, afroamericanos y jóvenes).
Del lado republicano, no hay por ahora un candidato de alto perfil. Rand Paul, de Kentucky, y el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee, son algunos de los que asoman. Pero no superan el 13% en las encuestas.
El desafío de ese partido es doble: por un lado, su oferta electoral está dominada actualmente por perfiles más extremos (especialmente en temas como la inmigración) con lo cual varios especialistas recomiendan encontrar una imagen más atractiva para los sectores del centro.
Por otro lado, la actitud que adopten sus representantes en el Congreso durante los dos últimos años de Obama será una palanca a favor en contra, según la evaluación de la opinión pública, para sus aspiraciones presidenciales.
Por eso una figura que viene escalando posición en la consideración del ámbito político a pesar de la resistencia que genera su apellido es la de Jeb Bush, hermano del ex presidente George W. Bush y ex gobernador de Florida: habla español y está casado con una mexicana, dos valores importantes en medio de la caliente pelea sobre la inmigración.
Del lado demócrata, también asoma con ese perfil Julián Castro, joven, de origen hispano y actual alcalde de San Antonio, Texas.
Raro caso: en etapa de descontento ciudadano hacia la clase política (algo que viene creciendo desde 2008), nombres del establishment político como Clinton y Bush podrían ser parte de la gran escena electoral en 2016.