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Durante décadas, una extensa zona del norte chino estuvo marcada por suelos degradados, escasa vegetación y una erosión que amenazaba tanto la actividad agrícola como el equilibrio ambiental de la región: la Meseta de Loess, situada en el norte de China y atravesada por el río Amarillo,

La explotación agrícola, la ganadería excesiva y la pérdida de cobertura vegetal dejaron amplias superficies expuestas a una erosión que arrastraba millones de toneladas de tierra hacia los cursos de agua.

El deterioro también afectaba directamente a quienes vivían en la región. La pérdida del suelo fértil reducía la productividad de los cultivos y profundizaba un círculo en el que la necesidad de obtener alimentos llevaba a utilizar todavía más intensamente unos terrenos cada vez más degradados.

Cómo China logró recuperar la Meseta de Loess

En 1994 comenzó una intervención a gran escala conocida como Loess Plateau Watershed Rehabilitation Project, desarrollada por China con respaldo del Banco Mundial. La primera fase se extendió hasta 2002 y abarcó alrededor de 1,56 millones de hectáreas mediante diferentes estrategias destinadas a frenar la pérdida de suelo y recuperar la vegetación.

La explotación agrícola, la ganadería excesiva y la pérdida de cobertura vegetal en la meseta de Loess dejaron amplias superficies expuestas (Fuente: Wikimedia Commons).Till Niermann

Una de las principales medidas fue construir terrazas agrícolas capaces de retener el agua de lluvia y disminuir el arrastre de tierra. También se limitaron determinadas actividades ganaderas, se protegieron áreas especialmente deterioradas y se impulsó tanto la plantación de árboles como la recuperación espontánea de la vegetación.

El objetivo era modificar las condiciones que habían provocado el deterioro durante décadas. Al conservar el agua y proteger el suelo, los terrenos podían recuperar progresivamente su capacidad productiva y, al mismo tiempo, disminuir la erosión.

El cambio ambiental también transformó la vida de la población

Con el paso de los años, distintas iniciativas continuaron el trabajo iniciado en 1994. Según estimaciones del Banco Mundial citadas en el material de referencia, cerca de 4 millones de hectáreas fueron restauradas en la Meseta de Loess durante las décadas posteriores.

La transformación no quedó limitada al aspecto ambiental. Los programas de recuperación contribuyeron a mejorar los ingresos de los agricultores locales, que llegaron a duplicarse, mientras que la cantidad de sedimentos arrastrados por la erosión disminuyó en aproximadamente 100 millones de toneladas anuales.

La magnitud del territorio ayuda a dimensionar el proceso. La Meseta de Loess ocupa unos 640.000 kilómetros cuadrados, por lo que la restauración no convirtió toda la región en un área uniforme de vegetación, sino que recuperó numerosos sectores que habían sufrido distintos grados de degradación.

Los programas de recuperación contribuyeron a mejorar los ingresos de los agricultores locales (Fuente: Inteligencia Artificial).

Las imágenes comparativas tomadas a lo largo de las décadas permiten observar el contraste entre ambos momentos. Zonas dominadas por suelo desnudo, barrancos y terrenos erosionados fueron dando paso a superficies con vegetación, árboles y áreas agrícolas mejor protegidas.

Más de tres décadas después del comienzo del proyecto, la recuperación de millones de hectáreas demuestra el alcance que pueden tener las intervenciones ambientales sostenidas durante años. La Meseta de Loess pasó de enfrentar una erosión extrema a contar con grandes sectores donde el suelo y la vegetación volvieron a formar parte del paisaje.