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Robert Kiyosaki, autor de Rich Dad, Poor Dad (“Padre Rico, Padre Pobre”), uno de los libros de finanzas personales más vendidos de la historia con más de 44 millones de ejemplares distribuidos en al menos 43 idiomas, volvió a ocupar los titulares al confirmar que arrastra una deuda de u$s 1200 millones.
La cifra, que el propio Kiyosaki viene repitiendo en redes sociales desde 2022, fue puesta en contexto en un extenso perfil que le dedicó la revista Vanity Fair en agosto de 2026.
Lejos de esconder el dato, Kiyosaki lo convirtió en una bandera. En sus propias palabras, resumidas en distintas apariciones públicas, “si yo quiebro, el banco quiebra. No es mi problema”. La frase, que reprodujeron medios como Fortune, alimentó la imagen de un gurú financiero al borde del colapso. Sin embargo, la explicación que dio su exesposa y todavía socia comercial, Kim Kiyosaki, matiza bastante ese panorama.
Kiyosaki en problemas: qué pasó
Según explicó Kim Kiyosaki, exesposa y todavía socia comercial del autor, los u$s 1200 millones no corresponden a una deuda personal en el sentido tradicional, sino a la deuda total de un grupo de inversores inmobiliarios asociados en distintos proyectos, que en conjunto reúnen unas 1500 unidades de departamentos en Estados Unidos.
La parte que le correspondería a Kiyosaki dentro de ese total sería sensiblemente menor: si se toma como referencia el ingreso anual que él mismo declara, de unos u$s 3 millones, su porción individual podría rondar entre los u$s 30 y los 60 millones.
El propio Kiyosaki no es ajeno a la ambigüedad del dato. Lo repitió en distintos formatos y entrevistas a lo largo de los últimos años: en 2022 habló por primera vez de una deuda de u$s 1000 millones; en 2024 la cifra ya había subido a 1200 millones, un número que volvió a mencionar en el pódcast The Iced Coffee Hour y, más recientemente, en Get Rich Education, donde lo resumió con una frase que se volvió parte de su marca personal: “Si le debés 20 millones al banco y no podés pagarlos, tenés un problema. Si le debés u$s 1000 millones y no podés pagarlos, el problema es del banco”.
Kim Kiyosaki fue más allá en su descargo ante Vanity Fair: “Técnicamente, sí, tenemos toda esa deuda”, reconoció, “pero está respaldada por activos reales”. Y agregó una lectura sobre la estrategia comunicacional de su exmarido: “Le encanta decir cosas que impactan”.
El mecanismo detrás del anuncio de Kiyosaki
La filosofía de inversión del autor bestseller se apoya en tres pilares que repite en libros, seminarios y redes sociales desde hace casi tres décadas: comprar activos que generen flujo de caja positivo, reducir la carga impositiva con las herramientas legales disponibles y asegurarse de cobrar primero en cualquier negocio.
Su tax advisor, Tom Wheelwright, explicó en un video de análisis sobre esta deuda que la lógica pasa por pedir préstamos contra el valor de una propiedad a medida que este sube, y tratar ese dinero como un ingreso que no tributa impuestos, mientras cada inversión queda aislada en una sociedad de responsabilidad limitada (LLC) que limita el riesgo personal si algo sale mal.
Ese esquema —que Kiyosaki aplicó a lo largo de los años en pozos petroleros, minas de oro, ganado y, sobre todo, bienes raíces— es también el que sostiene su enfrentamiento público y amistoso con Dave Ramsey, otro referente de las finanzas personales en Estados Unidos, pero de la vereda opuesta: mientras que su némesis predica vivir sin deudas, el escritor construyó su marca en torno a la idea de que la deuda, bien usada, es una herramienta de construcción de riqueza y no un enemigo a evitar.
De Hawái a Vietnam: los orígenes de una filosofía
Kiyosaki nació en 1947 en Hilo, en la isla grande de Hawái, nieto de inmigrantes japoneses y mayor de cuatro hermanos. Su infancia estuvo marcada por hechos que después reaparecerían en sus libros como metáforas de la incertidumbre: el tsunami de 1960, que mató a varios de sus compañeros de clase, y las pruebas nucleares estadounidenses de 1962, cuyo resplandor pudo verse desde la casa familiar.
Su padre, Ralph Kiyosaki, fue el primer superintendente de educación japonés-estadounidense del estado y candidato a vicegobernador en 1970, una carrera que truncó una derrota electoral seguida de una seguidilla de pérdidas familiares que, según su propia hija Tenzin, “lo dejó de rodillas”.
Antes de convertirse en autor, Kiyosaki combatió en la guerra de Vietnam como piloto de helicóptero artillado, una experiencia que atravesó buena parte de su búsqueda personal posterior, incluido su paso por la programación neurolingüística y distintas corrientes de desarrollo personal en los años setenta y ochenta.
Dos encuentros resultaron determinantes en esa etapa: un seminario del creador del programa EST, Werner Erhard, y un cruce en 1981 con el filósofo Buckminster Fuller, quien lo increpó por querer enriquecerse y lo empujó, según cuenta Kiyosaki, a redefinir su propósito hacia la enseñanza financiera.