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La vida de Stephen Hawking quedó marcada por descubrimientos científicos revolucionarios, pero también por una capacidad de resiliencia que lo transformó en una figura admirada mucho más allá del mundo académico.

Una de sus frases más recordadas, “Sin importar cuán difícil parezca la vida, siempre hay algo que puedes hacer y en lo que puedes triunfar”, volvió a cobrar relevancia al resumir la filosofía con la que enfrentó durante décadas una enfermedad neurodegenerativa que desafió todos los pronósticos médicos.

La declaración fue pronunciada en 2017 durante la celebración de su cumpleaños número 75 en Cambridge. Allí, Hawking reflexionó sobre su carrera y destacó que estaba viviendo “un tiempo glorioso para investigar en física teórica”. También dejó otro de sus mensajes más citados: “Recuerda mirar hacia las estrellas y no hacia tus pies. Sé curioso”. La frase sintetizó la combinación de asombro científico y optimismo personal que caracterizó toda su trayectoria.

La enfermedad que marcó la vida de Stephen Hawking

A comienzos de la década del 60, Hawking fue diagnosticado con esclerosis lateral amiotrófica (ELA), una enfermedad degenerativa que afecta progresivamente la movilidad muscular. Los médicos estimaban que viviría apenas unos pocos años más. Sin embargo, el científico británico sobrevivió más de cinco décadas después del diagnóstico y continuó trabajando incluso cuando perdió casi por completo el control de su cuerpo.

Con la ayuda de un sintetizador de voz y un sistema adaptado que le permitía comunicarse a unas 15 palabras por minuto, logró continuar escribiendo, dando conferencias y desarrollando investigaciones. Su historia terminó convirtiéndose en un símbolo mundial de perseverancia y superación frente a la adversidad.

Su historia se convirtió en un símbolo mundial de superación y perseverancia.

Los descubrimientos que revolucionaron la física moderna

En el plano científico, Hawking realizó aportes fundamentales a la cosmología y a la física teórica. Su trabajo más célebre fue demostrar que los agujeros negros no son completamente oscuros, sino que emiten energía, un fenómeno conocido hoy como “radiación de Hawking”. Ese hallazgo modificó la comprensión moderna del universo y lo ubicó entre los científicos más influyentes del siglo XX.

Además, ocupó desde 1979 la histórica Cátedra Lucasiana de Matemáticas en la Universidad de Cambridge, el mismo cargo que siglos antes había ocupado Isaac Newton. A lo largo de su carrera recibió reconocimientos internacionales como la Medalla Copley de la Royal Society y la Medalla Presidencial de la Libertad de Estados Unidos.

El legado cultural y humano de Hawking

Más allá de la ciencia, Hawking también dejó una profunda huella cultural gracias a obras como “Breve historia del tiempo”, publicado en 1988 y convertido en un best seller mundial que acercó conceptos complejos de cosmología al gran público. Su capacidad para comunicar ideas difíciles de manera accesible amplió su influencia mucho más allá de las universidades y laboratorios.

Tras su muerte, ocurrida el 14 de marzo de 2018 a los 76 años, sus cenizas fueron depositadas en la Abadía de Westminster, junto a figuras históricas como Isaac Newton y Charles Darwin. Su legado permanece vigente tanto por sus contribuciones científicas como por sus reflexiones sobre la vida, la curiosidad y la esperanza.

Entre sus pensamientos más difundidos quedó otra frase que resume su visión sobre la inteligencia y la introspección: “Las personas tranquilas y silenciosas son las que tienen las mentes más fuertes y ruidosas”. Una definición que, para muchos, también describió la esencia del propio Stephen Hawking.