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El paisaje de Las Yungas, que abarca las provincias de Salta y Jujuy, es una de las regiones de mayor biodiversidad cultural y natural del país. Por ello, fue declarada Reserva de Biosfera por la Unesco en 2002, un reconocimiento a la importancia de su patrimonio natural.
En este escenario, una ONG clave trabaja desde hace más de 15 años en proteger y fortalecer el valor estratégico del territorio: se trata de la Fundación Cebil, con influencia en la región del Gran Chaco y el centro sur andino para concientizar sobre la diversidad socioambiental.
Ubicada en un bosque nativo de yungas a 20 kilómetros de la capital salteña, frente al río La Caldera, la ONG colabora con comunidades de 14 pueblos originarios reconocidos de Salta (como los Wichí) bajo una premisa clara: cuidar la diversidad cultural y los derechos de la Madre Tierra, en particular de los bosques nativos y la fauna silvestre.
La Fundación se destaca por desarrollar acciones que fomentan el desarrollo económico, social y ecológico sostenible entre las comunidades locales y su entorno natural. Esta se autofinancia con concursos de proyectos, talleres, seminarios y comprometidos donantes particulares y empresas, como ESPEL S.A.I.C.A.
En la actualidad está compuesta por poetas, editores, artistas, documentalistas e investigadores. Además, integran redes nacionales como la Asociación para la Agricultura Biológico-Dinámica de Argentina (AABDA), que suma agricultores y productores a su esquema de trabajo.
“Nuestro enfoque combina áreas sociales, culturales, ambientales, artísticas y se trabaja a nivel intergeneracional, intercultural y con perspectiva de género”, resalta Verónica Ardanaz, presidenta de Fundación Cebil.
El contexto de la región: cómo es proteger Las Yungas salteñas
En primer lugar, Ardanaz fue contundente sobre la situación crítica de los recursos hídricos en la provincia: “Los árboles son las esponjas. Sin los bosques y sin los glaciares, los argentinos no tenemos agua”.
Aquí, hace hincapié en el fenómeno de los “ríos aéreos”, clave para el ecosistema: es que, cuando la humedad generada en el Amazonas viaja hacia el sur, choca con los Andes y se procesa en las selvas de montaña (Yungas), para luego descargarse en el centro del país.
“La Pampa húmeda, por su latitud en el mapa global, debería ser un desierto. Solo tiene agua gracias a este circuito aéreo que baja por nuestra selva y el Amazonas”, señala.
Por ello, la titular de la Fundación Cebil advierte que el desmonte de bosques en Salta tiene consecuencias directas en la economía agropecuaria nacional.
En esa línea, Ardanaz es testigo directo del cambio climático y la presión del avance urbano sobre el pedemonte y las riberas de los ríos. “Las ciudades en Salta están en los valles, por lo que la urbanización avanza inevitablemente hacia las laderas de las montañas, es decir, sobre Las Yungas”, advierte.
Por eso, sostiene que la defensa de la región no es una postura “anti-progreso”, sino una necesidad de supervivencia. “Hace 20 años que vivo en este lugar y el cambio climático es palpable: hay menos aves, menos agua y menos biodiversidad”.
Los proyectos de la Fundación Cebil
En respuesta a estas problemáticas, la organización impulsa una serie de acciones principales. Uno de los proyectos estratégicos más ambiciosos presentados es el Corredor Biocultural Ciudad de las Aves, el primer espacio de este tipo en la provincia. Esta iniciativa busca proteger la zona de transición entre la ciudad y la selva.
“Las aves son los indicadores de la contaminación, de la deforestación, de la falta de agua y son las que siembran los bosques; cuando faltan aves, el ecosistema se deteriora”, precisó Ardanaz al respecto.
El proyecto incluye un mapeo participativo con las universidades locales (UNSa y UCASAL), talleres de conciencia ambiental en escuelas y la creación de murales comunitarios.
La fundación también pone especial énfasis en el programa “Conciencia del Agua”. Frente a la contaminación minera (especialmente por arsénico), la fundación promueve la agricultura biodinámica.
A través de huertas educativas y la integración a la Red de Agricultores Biodinámicos de Argentina, fomentan el consumo de alimentos seguros y enseñan a la comunidad a filtrar y cuidar el agua, recurso que Ardanaz define como “el primer alimento”.
Además, recientemente se inauguró “La Semilla”, una biblioteca que pone a disposición más de 30 años de material bibliográfico sobre historia latinoamericana y ambiental.
El espacio busca ser una herramienta contra la desinformación digital. “La idea es poder construir una mirada nueva sobre el mundo, recuperar la memoria para poder construir el futuro”, expresó.
Uno de los motores de Fundación Cebil, según su titular, es la inclusión de egresados o estudiantes avanzados de la Universidad Nacional de Salta y la Universidad Católica de Salta, en cuyo caso se les permite “tomar la iniciativa en los proyectos y coordinar todas las áreas”, entre ellas el programa “Conciencia Animal”.
“Hacemos rescate de fauna silvestre, sobre todo zarigüeyas que es el único marsupial que tenemos en América y está muy amenazado. Nos enfocamos en rescatar a las crías huérfanas que sobreviven”, precisó.
Esta es una labor articulada de la ONG con veterinarios y biólogos. Juntos, crían a estos animales con protocolos específicos hasta que están listos para volver a su hábitat.
Finalmente, la presidenta de la ONG subrayó el impacto social de la entidad como espacio de contención y acción para la juventud. “A veces veo a los jóvenes muy desanimados, pero estas acciones les devuelven la alegría de vivir y las ganas de reconstruir juntos”, concluyó Ardanaz.