Un equipo de científicos argentinos del CONICET, trabajando junto con investigadores franceses, acaba de develar un mecanismo hasta ahora desconocido que podría cambiar radicalmente el abordaje del Parkinson.

El hallazgo, publicado en la prestigiosa revista npj Parkinson’s Disease del grupo Nature, revela por primera vez cómo la levodopa (L-DOPA) —el medicamento más usado para esta enfermedad— altera la estructura interna de las neuronas de una forma que nadie había documentado antes.

El descubrimiento nació de una colaboración entre el Centro de Investigaciones en Química Biológica de Córdoba (CIQUIBIC) y un laboratorio de la Universidad Grenoble Alpes en Francia, dirigido por la investigadora argentina Leticia Peris. Los científicos Gastón Bisig y Agustina Zorginotti lideraron investigaciones que demostraron algo sorprendente: la levodopa no solo cumple su función terapéutica conocida, sino que también se incorpora a los microtúbulos que forman el esqueleto interno de las neuronas.

Los microtúbulos son estructuras fundamentales que mantienen la forma de las células nerviosas y permiten el transporte de sustancias dentro de ellas. Cuando la levodopa se integra a estos microtúbulos, provoca cambios en la arquitectura neuronal que podrían explicar los efectos secundarios que aparecen después de años de tratamiento. Entre estos efectos están las disquinesias, movimientos involuntarios que dificultan la vida de los pacientes, y otros síntomas cognitivos y emocionales que reducen significativamente su calidad de vida.

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores trabajaron con cultivos de neuronas extraídas de regiones específicas del cerebro de ratones. Utilizaron microscopía de alta resolución y tinciones fluorescentes que les permitieron observar en tiempo real cómo cambiaban las espinas dendríticas —las conexiones entre neuronas— cuando eran expuestas a levodopa.

Lo que vieron fue revelador: el medicamento no solo actuaba sobre la química cerebral, sino que modificaba físicamente la estructura de las células nerviosas.

Yanina Ditamo, Leticia Peris, Agustina Zorginotti y Gastón Bisig.

El Parkinson afecta principalmente a personas mayores de 60 años y es la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente después del Alzheimer. Se caracteriza por temblores, rigidez muscular, lentitud de movimientos y problemas de equilibrio. Todo esto ocurre porque mueren progresivamente las neuronas que producen dopamina, un neurotransmisor esencial para el control del movimiento, la memoria y el aprendizaje.

Desde finales de los años 60, la levodopa transformó por completo el tratamiento del Parkinson. Este fármaco funciona como un precursor químico de la dopamina, permitiendo que el cerebro compense la pérdida natural del neurotransmisor. Durante décadas ha sido la terapia más efectiva disponible, mejorando notablemente la vida de millones de pacientes. Sin embargo, el uso prolongado trae consigo complicaciones que hasta ahora no tenían una explicación estructural clara.

Bisig señaló que comprender este mecanismo ofrece una posible explicación estructural para los efectos adversos de largo plazo. Junto con Zorginotti, destacaron que estos hallazgos abren la posibilidad de desarrollar nuevas estrategias terapéuticas. Estas podrían apuntar a proteger los microtúbulos o evitar que la levodopa se incorpore a ellos. Incluso podrían inspirar tratamientos complementarios que mantengan la plasticidad sináptica y reduzcan la vulnerabilidad neuronal al deterioro.

A la izquierda neuronas normales; a la derecha neuronas modificadas con L-Dopa.

La relevancia de esta investigación radica en que propone pensar la terapia del Parkinson de manera más integral. No se trata solo de restaurar la química del neurotransmisor, sino también de preservar la salud estructural de las conexiones neuronales. Este enfoque representa un cambio de paradigma en cómo se entiende y se trata esta enfermedad neurodegenerativa.

Zorginotti tuvo un papel central como nexo entre los equipos argentino y francés, realizando experimentos tanto en Córdoba como en Grenoble. Esta colaboración internacional permitió combinar diferentes enfoques metodológicos y optimizar las técnicas de investigación.

Los próximos pasos incluyen investigar cómo diseñar fármacos que mantengan los beneficios de la levodopa sin comprometer la integridad de los microtúbulos neuronales. También se busca entender con mayor precisión cuáles son los mecanismos moleculares exactos que permiten que el medicamento se integre a estas estructuras celulares. El objetivo final es desarrollar terapias que no solo alivien los síntomas, sino que protejan a las neuronas del daño progresivo.

Este descubrimiento argentino suma evidencia a la idea de que los tratamientos neurológicos del futuro deberán considerar no solo los aspectos bioquímicos, sino también los estructurales de las células del sistema nervioso. Para los más de 12 millones de personas que se estima padecerán Parkinson en 2030, investigaciones como esta representan una luz de esperanza hacia terapias más efectivas y con menos efectos adversos.