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La lechuga es una de las verduras que más rápido se echa a perder en la heladera.

La bolsa de plástico común y el papel film no alcanzan para frenar la humedad, que es la principal causa de que las hojas se pongan blandas y oscuras en pocos días, obligando muchas veces a tirar la mitad de la lechuga sin haberla usado.

Por qué se marchita tan rápido la lechuga

El problema no es el frío, sino la humedad acumulada dentro del envoltorio.

Cuando la lechuga queda encerrada sin que esa humedad tenga adónde ir, las hojas empiezan a pudrirse desde adentro, aunque por fuera todavía se vean enteras.

Esto pasa incluso guardándola en la parte más fría de la heladera, porque el problema no es la temperatura sino el agua que queda atrapada.

Ni en bolsa de plástico ni en papel film: el lugar recomendado para guardar la lechuga y conservarla crujiente durante días.Generado con Gemini imagen ilustrativa | El Cronista Audiencias

Cuál es el lugar recomendado para guardarla

La opción que mejor resultado da es un recipiente hermético con papel de cocina absorbente. Los pasos son simples:

  • Lavar y secar bien las hojas, con centrifugadora o con un repasador limpio
  • Colocar una capa de papel de cocina en el fondo de un recipiente amplio
  • Poner la lechuga encima, sin apretarla
  • Cubrir con otra capa de papel absorbente antes de cerrar
  • Guardar el recipiente en el cajón de verduras, la zona menos fría de la heladera

El papel cumple la función de absorber el exceso de agua que libera la propia hoja, sin resecarla del todo. Con este método, la lechuga puede mantenerse fresca y crujiente durante varios días más que con los envoltorios habituales, incluso llegando a la semana sin perder textura.

La diferencia se nota especialmente con las variedades de hoja más fina, que son las que antes se marchitan con los métodos tradicionales.

Bonus: conviene revisar el papel cada dos o tres días y cambiarlo si está muy húmedo, para que siga cumpliendo su función.

Lo mismo aplica si la lechuga viene ya cortada: el papel absorbente ayuda todavía más porque las hojas partidas sueltan más líquido que las enteras.

El truco no cuesta nada extra: solo cambia el envoltorio, no la heladera.