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Brendon Grimshaw, un periodista británico de 37 años, compró en 1962 la isla de Moyenne, en el archipiélago de las Seychelles, y dedicó el resto de su vida a recuperarla.

En el camino, rechazó ofertas millonarias para venderla y logró que el territorio quedara bajo protección oficial, al convertirla en un refugio para más de 120 tortugas.

La isla, ubicada en el océano Índico frente a la costa de África, mide menos de diez hectáreas. Allí, Grimshaw y un socio local plantaron más de 16.000 árboles de especies autóctonas durante décadas.

Cuánto pagó por la isla

En 1962 Grimshaw viajó de vacaciones a las Seychelles. Un día antes de volver a Kenia, donde vivía, visitó Moyenne, una isla en venta cuya familia propietaria, de origen francés, la poseía desde 1946.

El precio de la transacción fue de 8.000 libras esterlinas.

Grimshaw pasó temporadas en la isla mientras trabajaba en África. Dejó el periodismo para asesorar en relaciones públicas al gobierno de Julius Nyerere, en Tanzania, y en 1973 se instaló de manera definitiva en Moyenne.

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De terreno abandonado a bosque nativo

Cuando Grimshaw la compró, Moyenne llevaba cerca de medio siglo sin habitantes permanentes. Había zonas deforestadas, maleza sin control y ratas como fauna principal. Solo quedaban cuatro árboles de especies nativas.

Para recuperar el terreno, Grimshaw contó con la ayuda de René Lafortune, hijo de una familia de pescadores de una isla cercana. Con el tiempo, Lafortune pasó de empleado a socio del proyecto.

Ambos estudiaron qué especies eran propias de la zona, abrieron senderos, controlaron la plaga de ratas y reforestaron. Durante cuatro décadas plantaron más de 16.000 árboles y construyeron cerca de cinco kilómetros de caminos, en muchos casos con herramientas básicas.

La restauración devolvió la fauna a la isla. El área recuperada atrajo a más de 200 especies de aves. Además, los socios introdujeron tortugas gigantes de Aldabra, una especie amenazada, y hoy la isla alberga más de un centenar de ejemplares.

Las ofertas que rechazó

En los años 80, el auge del turismo en la región puso a Moyenne en la mira de inversores, promotores inmobiliarios y cadenas hoteleras.

Grimshaw recibió numerosas propuestas de compra y las rechazó una por una. De hecho, un príncipe saudí llegó a ofrecerle u$s 50 millones por la isla.

Sin embargo, el periodista tampoco aceptó esa suma porque no quería que Moyenne se transformara en un resort de lujo y prefería mantenerla como una reserva abierta al público.

Para asegurar el futuro de la isla, Grimshaw negoció durante años con las autoridades de Seychelles. El gobierno declaró parque nacional al territorio a fines de la década de 2000.

Grimshaw murió el 3 de julio de 2012. En su testamento pidió que Moyenne se conservara como lugar de oración, paz y descanso para visitantes de todas las nacionalidades. Sus restos descansan en la isla.