Vivimos en una era dominada por el ruido, donde la inmediatez y la opinión constante parecen ser la norma. Sin embargo, hace más de 2.500 años, uno de los pensadores más influyentes de la historia ya advertía sobre el peligro de hablar demasiado. Para él, la verdadera inteligencia no se medía en la cantidad de discurso.
Se trata de Tales de Mileto, reconocido históricamente como el primero de los Siete Sabios de Grecia y, a menudo, considerado el padre de la filosofía occidental. En un tiempo donde las explicaciones mitológicas reinaban, Tales comenzó a buscar respuestas en la naturaleza y la razón, estableciendo un nuevo estándar de pensamiento.
Su visión sobre el comportamiento humano y la prudencia ha trascendido los siglos. Una de sus sentencias más célebres resume a la perfección el hábito que distingue a los sabios de los necios: “Muchas palabras nunca indican sabiduría”.
Para este pensador, la verborragia no era sinónimo de conocimiento. Por el contrario, consideraba que quienes realmente comprendían la complejidad del mundo tendían a ser más cautos con su lenguaje. La sabiduría, según su criterio, requiere de una pausa reflexiva antes de emitir juicio.
El hábito que propone Tales es el de la “búsqueda de una sola cosa sabia”, prefiriendo la profundidad de un concepto a la superficialidad de un discurso extenso. En su filosofía, hablar por hablar es una forma de ocultar la ignorancia, mientras que la síntesis es el resultado de un pensamiento procesado y maduro.
Este enfoque se alinea con la antigua tradición griega de valorar el logos (la razón y la palabra con sentido) por sobre el simple ruido. La persona sabia, bajo esta óptica, escucha más de lo que habla y, cuando decide intervenir, lo hace para aportar valor real, no para llenar el vacío.
Adoptar este hábito, además, implica un ejercicio de contención. Significa resistir el impulso de tener una opinión inmediata sobre todo y aprender a convivir con el silencio hasta tener algo verdaderamente sabio que decir. Como enseñó el maestro griego: la calidad del pensamiento siempre pesará más que la cantidad de palabras.