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Arturo Illia, honrado pero también eficaz

El radical fue votado como el mandatario más honesto. Según el autor del artículo, fue un hombre decente, transformador y capaz. El golpe lo derrocó cuando estaba sacando al país de un pantano social perverso.

por  ERNESTO SANZ

 Ex senador
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Arturo Illia, honrado pero también eficaz

El 22 de enero de 2011, durante una recorrida por Córdoba, visité Cruz del Eje y tuve ante mí la más potente y a la vez sencilla imagen que ha dado en la historia moderna la política argentina: una casa que el pueblo le regaló a un político que fue su médico y aún hoy es su motivo de orgullo.

Entrar a la casa que los vecinos de Cruz del Eje le regalaron a Don Arturo fue especialmente inspirador para mí, que iniciaba una campaña electoral en aquel significativo pueblo; y debe ser una visita obligada para cada argentino que tenga la posibilidad conocerla. No encontrarán en ella objetos de enorme valor histórico, ni un edificio monumental, pero encontrarán tres adjetivos que la política argentina algún día tuvo e imperiosamente tiene que recuperar: representatividad, honradez y austeridad.

Hace 50 años fue derrocado Illia y durante muchos años se fabricó una imagen parcial y absolutamente perversa, la de un hombre bueno pero incapaz, decente pero ineficaz, honrado pero superado por las circunstancias. Ese mito se alimentó durante larguísimos años y se resumió en una frase "Illia era honesto, tenía solo dos trajes, pero no supo gobernar y la realidad lo pasó por arriba".

El tiempo, la experiencia de un pueblo y la distancia de los hechos de su historia, permiten poner a cada cosa y a cada uno en su lugar. Primero fueron algunos de los golpistas que lo desalojaron de la Casa Rosada que pidieron perdón, y después, el conocimiento público de algunos hechos impactantes de su gobierno que pusieron blanco sobre negro, imponiendo la verdad por sobre un relato falaz que tanto tiempo sometió la historia de 1963 a 1966.

Tres conceptos de su presidencia fueron esenciales. Primero, que dedicó el 23% del presupuesto a la educación, el único bien social que hace a una sociedad sustentable social, cultural y económicamente. Segundo, que siendo el médico más vinculado al mundo rural en décadas, implementó la política exterior más evolucionada y acertada en el siglo XX.

Finalmente, que aunque fue radical desde el hueso, no le tembló el pulso para autorizar la participación del peronismo -por entonces proscripto-, en las elecciones de 1965; aún cuando sabía que el peronismo ganaría y que esta decisión podría costarle, como así fue, la destitución ilegal e ilegítima.

Illia fue el Presidente que mejor conjugó dos valores que la mala política quiso separar de facto: la honradez y la eficiencia en el gobierno. Fue un Presidente honesto, sí, pero además eficaz y transformador.

Cuando derrocaron a Arturo Illia, no derrocaban a un gobernante inútil que no estaba a la altura de las circunstancias. Derrocaron a un Presidente que estaba sacando a la Argentina de un pantano social perverso, que combinó inestabilidad institucional desde 1930, alta conflictividad político y social e incapacidad de desarrollar un modelo económico que implicara crecimiento e inclusión en el mundo de posguerra.

Illia estaba consiguiendo cortar con una época de decadencia nacional que duró cincuenta años, hasta 1983, y que de no haber sufrido la interrupción de 1966, habría durado no cincuenta años, sino treinta. A tal punto aquel Gobierno constituía una bisagra en nuestra historia, que de no haber existido ese nefasto Golpe en 1966, difícilmente habría existido el infame proceso de violencia política, autoritarismo y golpismo que sacudió al país entre 1975 y 1983.

Argentina tuvo un gran Presidente. La imagen es potente y clara, en estos tiempos en que los ex gobernantes esconden sus propiedades de la Justicia y la ciudadanía, recordemos que hubo uno a quien sus vecinos le regalaron una casa, porque no tenía dónde vivir.