En los últimos meses se ha discutido mucho sobre los salarios en la Argentina. Especialmente se ha mencionado reiteradamente la caída de los salarios en dólares, especialmente entre quienes añoran la década pasada. Inclusive, más recientemente hemos oído propuestas más audaces aún, que proponían indexar los salarios a esa moneda.
El debate no es nuevo, por cierto. Hace más de 90 años, a poco de finalizar la Primera Guerra Mundial, el socialista Juan B. Justo proponía indexar los salarios al precio del oro, como una manera de defender el ingreso de los trabajadores. Lo mejor de tan extravagante propuesta fue que provocó el debut intelectual del gran economista argentino, Raúl Prebisch. Efectivamente, el primer escrito registrado de Prebisch fue el artículo “¿Salarios a Oro? que fuera publicado en 1920 en la Revista La Hora, cuando el joven economista sólo tenía ¡19 años!
Para concluir con la anécdota, cabe señalar que Justo quedó tan enojado con Prebisch por haberlo refutado públicamente, que el incidente le impidió a éste afiliarse al socialismo. En ese artículo Prebisch esboza las mismas razones que se enarbolan hoy para refutar la indexación de salarios a monedas del exterior, y que son muy obvias: a los salarios hay que compararlos con los precios internos, y no tienen que estar asociados a los ciclos de las cuentas externas, que son los que afectan la relación de cambio de nuestra moneda.
El cálculo de los salarios en dólares es útil para quienes gastan una parte importante del mismo en artículos importados o en viajes al exterior.
Pero justamente este grupo depende mucho menos de salarios, y mucho más de rentas del capital, o de utilidades de empresas, muchas de las cuales ya se han recuperado y aún superado los mejores años de utilidades de la década pasada. Esto explica por qué los gastos en el exterior, y las importaciones de bienes de consumo o celulares o autos importados han aumentado tanto en los últimos años. Podría argumentarse con razón que los gerentes de esas empresas están hoy ganando menos en dólares, pero el tema es muy poco representativo de la realidad nacional.
Además surgen otros problemas de cálculo. Ante una situación cambiaria como la de la Argentina, donde de hecho hay tipos múltiples de cambio, por efecto de las retenciones, ¿cuál tipo de cambio debe utilizarse? Si utilizo el del mercado libre, subestimo los salarios del ‘dólar agrícola’ que es 20% menor, y que puede estar más ligado al costo de los alimentos.
La verdad (¿de Perogrullo?) es que los salarios reales no pueden aumentar sostenidamente como consecuencia de políticas cambiarias, sino como consecuencia de las condiciones propias del mercado laboral.
Del lado de la oferta de trabajo, el determinante es el número y la capacitación de los trabajadores, lo que no es posible modificar en el corto plazo, pero merece mucha más atención de la que recibe en nuestro país. Del lado de la demanda laboral, lo determinante es la actividad económica y la productividad del trabajo. Por lo tanto, lo que debemos procurar para que el salario aumente para todos los trabajadores es que siga aumentando la actividad económica, que se generen muchos más empleos y que se eviten las crisis bancarias y cambiarias que en el pasado fueron la causa principal de los procesos de descenso de los salarios reales. También es muy importante que se incorporen tecnologías que aumenten las productividades laborales de los que están hoy necesitados de trabajo, o de aumentos de su remuneración. Es decir que debemos alentar el equipamiento industrial que se adecue a nuestra oferta laboral, que no siempre es el de última generación. Por eso pienso que debería permitirse la importación de bienes de capital usados, que son quizás obsoletos en sus países de origen, pero son los que más convienen a nuestra realidad laboral. Si por el contrario, alentamos exclusivamente el equipamiento de última generación, estamos generando demanda laboral para técnicos capacitados, que no están hoy entre los peor pagados, ni los más necesitados de trabajo.
Volviendo a los ’90, debemos recordar que desde mitad de la década, por efecto del desempleo, muchos salarios empezaron a bajar, en términos nominales y en dólares, y nos caben muy pocas dudas que aún si se hubiera mantenido el 1 a 1 y la deflación, los salarios en dólares estarían hoy en niveles bajísimos.
En definitiva, sólo con una mayor demanda laboral, sostenida por el crecimiento económico, se puede consolidar una tendencia alcista en los salarios en el corto plazo. Y sólo con una mayor educación y capacitación de los trabajadores podremos experimentar un mayor crecimiento de las remuneraciones en el largo plazo.