Iniciar una empresa en la Argentina cuesta 12.506 dólares, de los cuales el 65% lo aporta el propio emprendedor y la parte restante los llamados inversores informales, es decir, la familia y los amigos, según el Global Entrepreneurship Monitor.

Captar el interés de socios capitalistas privados es una de las tareas más difíciles para quien monta un negocio. Sin embargo, el fondo de inversión Chrysalis y el Banco Río dan unas pistas y cuentan a qué proyectos están apostando.

Jorge Villalonga es director de Chrysalis, un fondo que está operando hace un año y medio a nivel local y ya hizo blanco en dos emprendimientos: el primero es el desarrollo de un software, realizado en conjunto con la Universidad Nacional del Centro, en Tandil. “Hicimos un relevamiento de proyectos durante el año pasado y, en una visita a Tandil, nos encontramos con un equipo que ideó una herramienta informática inédita en el país, que consiste en almacenar toda la historia clínica de un animal para el trabajo del veterinario y la trazabilidad del ganado , cuenta Villalonga. Esta iniciativa, en la que Chrysalis entrará con 100.000 dólares, se encuentra en proceso de implementación del software, que estaría listo para salir al mercado antes de fin de año.

El segundo proyecto es una empresa de Biotecnología, que lideran dos ex investigadores del Conicet, cuyo negocio es detectar oportunidades científicas y traducirlas a un lenguaje de negocios. “En este caso estamos en el armado de la sociedad y cerrando un financiamiento por entre u$s 60.000 y u$s 80.000 , destaca Villalonga.

La tercer movida del fondo fue la creación de un Club de Business Angels, integrado por 25 antiguos alumnos del IAE, la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral, que tienen como mandato invertir por lo menos u$s 20.000 al año por persona, es decir, un piso de u$s 500.000 en ese período. “En el club ya hay tres inversores que se interesaron en financiar un centro integral de servicios náuticos , cuenta.

Eduardo Garrido, gerente del programa Universidades del Banco Río, trabaja con las incubadoras de las casas de estudio, a la caza de starts ups atractivos. “Ya tenemos varias iniciativas seleccionadas, entre ellas, una de exportación de miel varietal (de un sólo tipo de flor) y orgánica, que requiere una inversión de u$s 600.000 y está en el proceso de búsqueda de capitalistas , destaca Garrido. En este caso se trata de una empresa que ya está funcionando y en la que el banco aporta –como socio– un 10% de ese monto y, al mismo tiempo, ayuda a estructurar la operación con los inversores interesados en aportar el resto.

“Para entrar en un proyecto, buscamos empresas de alcance regional, con capacidad de exportación y que sean innovadoras, ya sea en el producto, en la distribución o en algún aspecto diferencial , explica Garrido, quien también dice que el Banco tiene interés en invertir en una compañía dedicada a fabricar software de control para edificios inteligentes. “En todos los casos se trata de firmas ya constituidas, que requieren un promedio de u$s 300.000 en una ronda de inversiones, para despegar y llegar a un nuevo punto de equilibrio , afirma Garrido.