Aunque resulte paradójico es así: cuando el país cumple su bicentenario, la economía se introduce en el mercantilismo, sistema contra el que los padres de la Patria unieron sus fuerzas para idear nuestra nación.

El cierre de la economía se patentiza. Diferentes restricciones aplicadas a la importación de alimentos (UE y Brasil), así como erróneas políticas comerciales con China, nuestro gran demandante, acentúan el sesgo proteccionista del gobierno.

La escuela económica mercantilista comprendía al comercio exterior como la llave para acceder al poder y a la riqueza, mediante una balanza comercial positiva. Para ello, proponía desalentar las importaciones. Así, la intervención estatal era imprescindible, merced a la sustitución de importaciones. La riqueza era un medio para mantener o incrementar el poder, pero, a su vez, el poder era lo que garantizaba la adquisición o retención de la riqueza.

Desde mediados del siglo XVI y hasta bien comenzado el XIX, fue dominante en España y sus colonias. En el Virreinato del Río de la Plata, el clima político y económico era agobiante. A fines del siglo XVIII, emergió el pensamiento de los próceres independentistas. Entre ellos, Manuel Belgrano, quien se había iniciado en la ciencia económica en el excepcional tiempo de la ilustración bajo la influencia de Campomanes, Jovellanos y Olavide, profesores de la Universidad de Salamanca, ortodoxos doctores en lo tocante a la propiedad privada, al precio de mercado y a la libertad de iniciativa. De vuelta en Buenos Aires, escribía: “El comerciante debe tener libertad para comprar donde más le acomode... , lo que constituía un escándalo, para la elite realista. Los hombres de Mayo se rebelaron contra el mercantilismo español y a partir de 1810, emprendieron un camino de libertad.

A contrapelo, la estrategia oficial toma un cariz cada vez más mercantilista. El cuadro instrumental es de amplio espectro: aranceles a la importación, cupos, trabas para-arancelarias, presiones telefónicas.

Está bien: motivos de preocupación hay. El primer trimestre muestra un superávit comercial de poco más de u$s 2.000 millones, es decir un 40% menos que en igual período del año pasado como resultado del aumento interanual de exportaciones, en los primeros meses del año de algo más de 10%, y de las importaciones de poco más de 30%.

En esta suerte de remozado mercantilismo, la estrategia oficial se fundamenta en una abundante oferta de divisas que respalda la estabilidad cambiaria, aun cuando registre fuga de capitales. Una alta tasa de inflación, una política fiscal expansiva y un ancla cambiaria, única herramienta antiinflacionaria, son los componentes del esquema económico que tiende a evaporar el superávit externo.

Con un 25% de inflación y un dólar casi fijo, el atraso cambiario se acumula. A nivel internacional, con un dólar en revaluación, y con este nivel de inflación, la apreciación del tipo de cambio se acentúa y, por ende, el país genera déficits en la cuenta corriente.

Es necesario que las fuerzas vivas se activen para elevar argumentos para el cambio a favor del librecambio, inteligente y sagaz. Bien lo escribió el Papa Wojtila: “que los países que se han excluido han sufrido estancamiento y retroceso; por el contrario se han desarrollado aquellos países que han conseguido incorporarse al entramado general de las relaciones económicas internacionales .