La carne sigue siendo noticia. Desde hace más de dos meses que desvela a las autoridades económicas por la tendencia alcista de sus precios, impulsados por una fuerte demanda local e internacional, y una oferta reducida por la lógica retención de vientres generada por la necesidad de producir más. Y lamentablemente, la semana pasada, volvió a ser noticia por la aparición de un foco de aftosa, que además de producir el inmediato cierre de algunos mercados, posterga por años la reapertura de otros como el norteamericano y el asiático.
El sector ganadero ha sido en estos años uno de los pilares de la recuperación económica. No solo ha contribuido con un incremento de sus exportaciones de más del 100% sobre los valores previos a la crisis sanitaria del 2001, sino que ha generado más de 15.000 empleos en todo el país, y cientos de millones de dólares de ingresos fiscales. No obstante, la industria ganadera sufre las consecuencias de carecer de un plan estratégico consensuado entre productores, los frigoríficos grandes y los regionales, distribuidores, y las autoridades, que defienden a los consumidores.
La aparición de la aftosa seguramente frenará las presiones alcistas, ya que algunos mercados, como el chileno, se cierran automáticamente, y se moderarán las excelentes expectativas que llevaban a muchos productores a retener los vientres. Pero la desaparición de este riesgo no debería eliminar la urgencia con que en las últimas semanas se reunieron representantes de todo el sector, para adecuar los objetivos de largo plazo, a los intereses inmediatos. Por el contrario, la crisis sanitaria obliga a profundizar estas cuestiones, sin amenazas de mayores retenciones ni de controles de exportaciones, ya que ahora no serán necesarias.
Está más claro que nunca que si queremos que la industria prospere, deberíamos tener un estándar sanitario básico obligatorio para todo el rodeo y todos los frigoríficos, acorde con una industria exportadora. Esto debería ser el objetivo nacional, y el Estado debería implementar los controles y los incentivos fiscales y financieros para que sea logrado en el menor plazo posible.
Para lograr esto, el Senasa debería contar con los recursos financieros necesarios, y la libertad de acción y uso de la fuerza pública para actuar eficazmente. También debería plantearse como prioridad en el Mercosur que toda la región sea reconocida internacionalmente como libre de aftosa con vacunación, y así evitar la complicación que supone controlar fronteras fácilmente transitables. Si esto implica regalarle vacunas al Paraguay, eso es más barato que los costos del cierre de los mercados.
El blanqueo sanitario del rodeo y de su faena será solo posible si se elimina la evasión impositiva en el negocio ganadero. Los productores serios y responsables deben ser los primeros en apoyar estas acciones, porque la operatoria ilegal desde el punto de vista fiscal, permite el contrabando de hacienda desde los países limítrofes que no tienen controlada la enfermedad. Por eso hay que implementar la trazabilidad del rodeo, y avanzar en la bancarización obligatoria de todas las transacciones de la industria.
Desde el punto de vista de la comercialización, debe abandonarse el sistema actual, basado en la ‘media res’, que obliga a que abunden los lomos y los bifes donde se demanda asado y milanesa. La implementación de un plan para adecuar a los frigoríficos regionales para que puedan participar del negocio de exportación facilitará una mayor y más diversificada oferta exportadora, y concretar el objetivo del Gobierno: que los cortes populares tengan precios acordes con la capacidad adquisitiva de nuestro pueblo.
Es inevitable que los cortes de exportación se encarezcan en este proceso de apertura de los mercados internacionales, aunque ahora es posible que eso suceda recién en el año próximo. Este reacomodamiento de precios seguramente facilitará también el desarrollo de otras carnes no vacunas, como cerdos y ovinos, que en nuestro país están llamativamente demoradas, y cuyo consumo debemos estimular.
El 2006 es el tiempo entonces, sin emergencias por los precios, para desarrollar los frigoríficos regionales exportadores, impulsar las reformas sanitarias y comerciales, y también para educar al consumidor. Así estaremos mejor preparados para transitar en los años próximos el desafío de lograr el incremento de las exportaciones, sin afectar el consumo interno.