

El presidente Néstor Kirchner aprovechó ayer el 28º aniversario del último golpe de Estado para enviar fuertes señales políticas y simbólicas, ninguna de ellas destinada a mejorar el conflicto que lo enfrenta desde hace unos días con un grupo de gobernadores justicialistas. Kirchner estuvo por la mañana en el Colegio Militar, de El Palomar, donde participó de la ceremonia en la que se retiraron los retratos de Jorge Rafael Videla y Reynaldo Bignone, del mural donde se recuerda a los ex directores del instituto. Al mediodía, el Presidente fue hacia la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), cuyos terrenos fueron transferidos al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, que construirá allí el Espacio para la Memoria y para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos.
Frente a una multitud, calculada por el Gobierno en 40.000 personas, Kirchner dio un duro discurso que fue aplaudido por los militantes de derechos humanos que lo escuchaban: “Como Presidente de la Nación vengo a pedir perdón de parte del Estado nacional por la vergüenza de haber callado durante 20 años de democracia por tantas atrocidades , dijo Kirchner, quien además calificó a los militares que participaron de la represión en la ESMA como “asesinos repudiados por el pueblo argentino .
Acompañado sólo por tres gobernadores, de los que sólo uno es peronista puro (el santacruceño Sergio Acevedo; los otros eran el kirchnerista misionero Carlos Rovira y el radical mendocino Julio Cobos), lejos estuvo Kirchner de intentar congraciarse con los cinco mandatarios provinciales que se sintieron discriminados esta semana. De hecho, les dedicó una frase que probablemente profundizará las diferencias entre ambos sectores: “Esto no puede ser un tira y afloje entre quién peleó más o quién peleó menos, o algunos que hoy quieren volver a la superficie después de estar agachados durante años, y que no fueron capaces de reivindicar lo que tenían que reivindicar , dijo Kirchner.
Más tarde, terminado el acto, un grupo de personas ingresó al primer piso del Centro Universitario Naval en la ESMA, donde pateó algunas sillas, rayó escritorios, hizo pintadas y entonó cánticos en rechazo a los responsables de la dictadura militar. Manifestantes que presenciaron este episodio dijeron a Télam que otro grupo arrancó en un patio interno placas de bronce con el nombre de marinos “que dieron su vida por la patria y pintaron leyendas en contra de los militares.










