Si hay algo que caracteriza a los últimos tiempos es el aumento en el peso relativo del PBI de los emergentes en desmedro de los países centrales. El caso más llamativo lo constituye el grupo de los llamados BRIC. Sus países han incrementado su participación en el PBI mundial de 13,2% en 1980 a cerca de 23% en la actualidad.

Entre ellos, claramente, se destaca China. Desde los inicios de la década del ‘80, el PBI chino ha logrado subir de 2,3% a cerca de 12%. China es, hoy por hoy, la segunda economía más importante del mundo y su PBI sólo es superado por EE.UU. Desde 1980 a la fecha, ha crecido a un tasa promedio de casi 10% anual. En los últimos años, tal crecimiento fundamenta el 25% del incremento del PBI mundial. Las exportaciones, como fuerza motora, explican este crecimiento. El dinamismo comercial es resultado de múltiples políticas activas y del aporte de la inversión extranjera. Y está basado en la relación existente entre el yuan y el dólar. La infravaloración del yuan a lo largo de décadas ha permitido una exitosa ofensiva exportadora, claro que a costa de pérdidas en el poder adquisitivo de la población.

Vale recordar que el PBI per cápita es bajo y, dado que es la nación de mayor población, con alrededor de 1.350 millones de habitantes sobre un total mundial de 6.900 millones, su potencial de crecimiento es un caso único.

El consumo interno de China, como porcentaje del PBI bajó desde el 58% a comienzos de la década de ‘80 hasta alrededor del 35% en la actualidad. Los bajísimos ingresos de la población, clave competitiva de su industria manufacturera de mano de obra intensiva, no ha permitido potenciar su mercado interno.

El año 2008 fue duro. El impacto externo, como resultado de la crisis mundial, afectó seriamente sus exportaciones. Ante ello, las autoridades comenzaron una nueva etapa. Las medidas fiscales y monetarias, implementadas desde ese año, apuntan a dinamizar el mercado interno. La política fiscal, fundamentada en el superávit con que cuenta, permite inversiones en infraestructura, en el sector de transportes, en la educación y la salud y en la tecnología, entre otros campos. Y hacia allí se está apuntando.

Ahora, la política cambiaria ha ingresado en un nuevo período donde las fuerzas del mercado tendrían mayor gravitación. La flexibilización del tipo de cambio, apuntando a la apreciación de la moneda, implica el abaratamiento de los bienes transables y, en consecuencia, un aumento del salario real.

La pregunta es ¿vienen tiempos favorables para el mercado interno? A juzgar por lo sucedido de 2008 a esta parte, la respuesta debe ser afirmativa. Así el futuro crecimiento de la economía pasaría a sustentarse, también, en el consumo.

Cualquier incremento en el salario real de una población tan numerosa significará una fuerte presión de la demanda sobre la oferta mundial. Vale destacar que toda mejora en los ingresos afecta no sólo a las cantidades consumidas sino, también, a la composición de la canasta de consumo a favor de una con productos más diferenciados y de mayor valor unitario.

China se presenta como el segundo socio comercial de la Argentina, tanto como destino de las exportaciones como origen de las importaciones, detrás de Brasil. Por ello, este mercado es gravitante para el desarrollo del país en los años inmediatos. El foco se desplaza no sólo hacia el sur y sino, también, hacia Oriente.

Existe una altísima concentración de las exportaciones argentinas en torno a la soja. La etapa que se inicia augura precios sostenidos en este rubro y un aumento de la demanda, pero, además, anuncia la ampliación del abanico de posibilidades en los agronegocios y otras áreas industriales.

Ahora se presenta la oportunidad de incrementar el espectro exportador a favor de componentes del rubro Alimentos y Bebidas que, por ahora, no tiene mayor significación dentro de las exportaciones a China, como frutas y vinos y aceites embotellados.

Existen, además, oportunidades poco aprovechadas como, por ejemplo, los aceites crudos de petróleo, cueros y pieles de bovino, cobre, productos de la pesca, plásticos, autopartes, cereales, para las cuales se abre un promisorio horizonte.

Este debe ser el año en que nuestro país renueve su relación con China y establezca un marco de negociación duradero y estable. Esta no es una cuestión de coyuntura, es una cuestión de Estado.