

A propósito de la reciente publicación de mi libro La economía argentina durante la segunda mitad del siglo XX (La Ley, 2005), un periodista me preguntó: ¿a qué período de los que analizaste se parecen más los 2 primeros años de Kirchner? Al de Illia, contesté a boca de jarro. Analizando la cuestión con más detenimiento, el paralelismo es notable, y ayuda a entender lo que puede venir.
Illia llegó a la presidencia de la Nación el 12 de octubre de 1963 con el 25% de los votos (por la proscripción del peronismo), luego de Frondizi, quien había aumentado fuertemente la capacidad instalada, como consecuencia de las inversiones del período 1960-1961, y luego del vacío político que existiera durante la gestión de Guido.
Durante sus 2 primeros años de gestión Illia anuló los contratos petroleros, antagonizó con el Banco Mundial (amenazando con pagarle la deuda al contado, para que se fuera), y su equipo económico fue intervencionista, sin generar burdas distorsiones generalizadas (ejemplo: pesificó los depósitos en dólares, pero con una brecha de menos de 5% entre los dólares paralelo y oficial). La coyuntura internacional fue favorable a un aumento del valor de las exportaciones, que permitió superar la entonces histórica barrera de u$s 1.000 millones anuales.
Illia soportó pasivamente el plan de lucha de la CGT, que implicó tomar miles de fábricas durante corto tiempo.
En 1964 el PIB real creció 10,3% y en 1965 9,2%. Medida por precios al consumidor la inflación se mantuvo (había sido de 26% anual en 1962 y 1963, fue de 22% en 1964 y de 29% en 1965), en tanto que las exportaciones llegaron a u$s 1.400 en 1964, y a u$s 1.500 millones en 1965.
Kirchner llegó a la presidencia de la Nación el 25 de mayo de 2003 con el 22% de los votos (Menem no le dio el gusto de consagrarse con amplia mayoría, en la segunda vuelta), luego de Menem, quien había aumentado fuertemente la capacidad instalada, como consecuencia de las inversiones de la década de 1990, y luego del vacío político que existiera durante la gestión de De la Rúa, y el shock que produjo la gestión Duhalde.
Durante sus 2 primeros años de gestión Kirchner no enfrentó en serio las consecuencias de la pesificación de las tarifas de las empresas privatizadas y concesionadas durante la década de 1990, antagonizó con el Fondo Monetario Internacional (disminuyendo todo lo posible la deuda con dicho organismo, soñando con que se fuera), y su equipo económico fue intervencionista, sin generar burdas distorsiones generalizadas. La coyuntura internacional (precio de productos de exportación, tasas de interés, etc.) fue increíblemente favorable.
Kirchner soportó pasivamente a los piqueteros, heredados de los gobiernos anteriores. En 2003 el PIB real creció 8,8% y en 2004 9%. La tasa de inflación se mantuvo, con un leve aumento durante los primeros meses de 2005. Las exportaciones subieron, 3 años después de la devaluación de 2002.
La similitud es notable. Algunos correrán presurosos a buscar diferencias, no sea cosa que el actual presidente de los argentinos quede pegado con quien nos presidiera entre 1963 y 1966; porque es cierto que Illia era mejor de lo que se creía durante su gobierno, pero tampoco nos pasemos del otro lado, e inventemos un estadista.
El ejercicio comparativo es importante para pensar la Argentina económica de los próximos años. La gestión Illia fue interrumpida el 28 de junio de 1966, por la Revolución Argentina (un golpe preventivo a las elecciones de gobernador de 1967, porque no se quería repetir la experiencia de 1962, de realizar el golpe luego de las elecciones de gobernador).
¿Hubiera seguido creciendo el PIB a tasas chinas, a partir de 1966, si Illia hubiera podido completar su mandato? Léanse los análisis de la época, y se responderá de manera negativa. Había consenso sobre que los importantes aumentos del PIB durante los 2 primeros años de gestión, habían surgido del rebote de la crisis anterior. Hubo mérito por parte del equipo económico de leer correctamente la situación internacional, solucionar operativamente la barrabasada que implicó la anulación de los contratos petroleros, etc. Si Illia hubiera continuado en el cargo, el milagro radical se hubiera transformado en lo que fue, una nueva vuelta de tuerca del ciclón argentino, como me gusta calificar las fortísimas variaciones que experimenta en nuestro país el nivel de actividad económica.
A Dios gracias, nadie espera que la gestión Kirchner vaya a ser interrumpida por un golpe militar. Entonces apreciaremos la desaceleración del crecimiento. No se trata de un fracaso del nuevo modelo de país, sino la propia dinámica de la normalización económica, luego de un profundo shock.
Krieger Vasena, el gran ministro de la Revolución Argentina, hizo crecer la economía por sobre los niveles de Illia. Para lo cual cambió el clima de negocios. ¿Lo logrará hacer Kirchner, dentro de su gobierno?
¡Animo!










