

No me hice fanático de las privatizaciones, la apertura de la economía y las desregulaciones, leyendo a Hayek o a Mises. Lo que me hizo fanático de cada una de dichas políticas fue vivir en la Argentina, desde que nací, a fines de 1943.
Soy testigo de los efectos que tuvo la estatización de las empresas prestadoras de servicios públicos, realizada por Juan Domingo Perón durante la segunda mitad de la década del 40, así como de los que generó la reprivatización, llevada a cabo por Carlos Saúl Menem durante la primera mitad de la década del 90. Nótese que las empresas públicas estuvieron en manos de militares y civiles, y dentro de éstas de peronistas, radicales, liberales, etcétera.
Como consumidor, el cambio más dramático se dio en el caso del servicio telefónico. ¿Cómo olvidar cuando, durante la década de 1980, en vez de comprar y vender casas u oficina, comprábamos y vendíamos teléfonos con ladrillos alrededor? (de la misma manera que hoy, en vez de comprar y vender casas u oficinas, compramos y vendemos seguridad 24 horas, con ladrillos alrededor).
¿Cómo olvidar cuando, cada invierno, Gas del Estado nos recomendaba cuidar el consumo de gas? (como autor de libros, quiero que los compren, los lean o no. Es antológico que el oferente de un producto nos induzca a comprar menos de él).
¿Cómo olvidar los recurrentes cortes de luz? A comienzos de la década del 60, es decir, 5 años después del derrocamiento de Perón, en San Antonio de Padua, a las 10 de la noche, en el comedor de mi casa enchufábamos una bombita de 110 voltios, a una red que debía proveer 220 voltios. Y junto a comprar un televisor, había que adquirir un estabilizador, porque de lo contrario... Claro que también me acuerdo del apagón que sufrieron algunos porteños, cuando en algún momento de la década del 90, Edesur tuvo un percance. Por el cual tuvo que pagarle a sus sufridos consumidores el equivalente de un año de sus ganancias. ¿Se imagina lo mismo, cuando la distribución de energía era nuestra?
Por razones como éstas, que el grupo Suez haya dejado de ser el operador de Aguas Argentinas, me preocupa muchísimo. Lo repito, me preocupa y muchísimo.
Podemos hacer miles de conjeturas, sobre la política gubernamental –iniciada por Duhalde, continuada por las actuales autoridades– en materia de tarifas de las empresas privatizadas y concesionadas durante la década del 90; de la misma manera que podemos hacer miles de conjeturas sobre el funcionamiento del citado grupo, en la operatoria de Aguas Argentinas.
Éste no es el punto que quiero destacar. El punto que quiero destacar es que, a mis juveniles 61 años, no me vengan con que hay una larga lista de operadores alternativos, o que hemos aprendido la lección, y esta vez la operatoria en manos públicas será eficiente. Porque junto al perjuicio concreto, consideraré que también me están cargando.
¿Cuál es el problema con la gestión pública de los emprendimientos empresarios? Que, al menos en la abundante y prolongada experiencia argentina, no hay como introducir procedimientos decisorios empresarios en la gestión publica de las empresas. Me explico. En una empresa privada, el capo tiene una responsabilidad ejecutiva, por lo cual ejerce su autoridad delante de los gerentes, éstos delante de los jefes, y éstos delante de los empleados u obreros.
Siempre en la experiencia argentina, cuando el capo de una empresa pública está ahí por su relación con las autoridades de turno, los gerentes no se encolumnan como deberían, los jefes delante de los gerentes menos, y los empleados u obreros menos. Las anécdotas que escuché al respecto, referidas a varias de las empresas, son bien ilustrativas al respecto.
Se trata de mecanismos decisorios, no del nivel intelectual de los seres humanos involucrados. Con el mayor de los respetos; ¿alguien puede creer que Entel no instalaba nuevos teléfonos, pero Telefónica sí, porque los españoles son más inteligentes que nosotros?
El problema no se nota de la noche a la mañana. Al día siguiente que el grupo Suez le pase a otro la operatoria de Aguas Argentinas, de la canilla saldrá agua potable; de la misma manera que al día siguiente de su estatización, funcionaron los ferrocarriles, anduvieron los tranvías y se pudo hablar por teléfono. El problema es qué va a ocurrir cuando dentro de la empresa haya que adoptar medidas que impliquen disciplina, que haya que conseguir fondos para continuar con el mantenimiento, que haya que adoptar decisiones referidas a nuevos métodos tecnológicos, etcétera. Por esto el retiro del grupo Suez de Aguas Argentinas me preocupa muchísimo. ¿Qué tendrá que ofrecerle a un nuevo operador el Gobierno, para reemplazarlo? No lo sé, pero difícilmente sea mejor que se haga cargo de la gestión, de manera directa. Por algo, prudentemente, el sindicalista Lingieri se atajó, con un a mí no me miren.
¡Animo!










