Como se sabe, el Banco Central es una entidad autárquica. En su Carta Orgánica, ello queda establecido y así, también, se afirma que su función primaria y fundamental es preservar el valor de la moneda (Art. 3). Allí mismo puede leerse que esta entidad debe ‘concentrar y administrar sus reservas’. (Art. 4).

Si así es el perfil y las obligaciones del Central, ¿cómo entender que éste vaya en auxilio de las finanzas públicas? Una mirada racional mostraría la contradicción. Si la procesión está por comenzar y no está la ropa lista del santo, el cura párroco seguramente quitará la vestimenta de otro santo para vestirlo y, así, sortear el mal momento. Pero, si no tiene el ajuar adecuado, siempre habrá una imagen desnuda. Algo similar ocurre acá, pero con el agravante de que se institucionaliza la práctica de desvestir un santo para vestir otro. Es la práctica del oportunismo: atiende los temores del mercado y, simultáneamente, genera expectativas de devaluación para más adelante. En estas condiciones, lo más probable es que, a medida que transcurran los meses, crezca la tasa de interés al tiempo que aumenta el riesgo inflacionario.

Luego de años de un comportamiento de gasto público sin racionalidad, la solución propuesta es de corta duración y revela las premuras financieras en un ámbito que se niega a poner en negro sobre blanco el cuadro de estrechez. El mensaje a la sociedad económica es: “señores, estamos en apuros y como lo sabemos, no respetamos las instituciones ni los derechos de propiedad . En tal caso, los mercados tomarán nota de ello y en, una etapa posterior, buscarán los caminos de la huida por lo que habrán de volverse en contra. Así, la inversión y el ahorro serán los sacrificados.

Vale recordar las claves centrales de la Constitución. El capítulo primero sostiene que el “Gobierno Federal provee a los gastos con los fondos del Tesoro formado del producto de derechos de importación y exportación, del de la venta o locación de tierras de propiedad nacional, de la renta de Correos, de las demás contribuciones que equitativamente y proporcionalmente a la población imponga el Congreso general y de los empréstitos y operaciones de crédito que decrete el mismo Congreso para urgencias de la Nación o para empresas de utilidad nacional No se menciona al Banco Central ¿o sí?

Es en el Congreso donde, en todo caso, deben resolverse estas cuestiones. Alberdi sostuvo que “Al Congreso pertenece el poder de imponer contribuciones y de decretar empréstitos y operaciones de crédito para a tender a los gastos ordinarios y extraordinarios. A éste le corresponde arreglar el pago de la deuda interior y exterior .

Lo que importa son las instituciones. Y sortearlas se está convirtiendo en un deporte oficial.

En estos tiempos, son el último orejón del tarro.