A comienzos de la semana pasada, el Banco Central organizó unas Jornadas Monetarias y Bancarias, a la que asistieron los más renombrados expertos internacionales. Obviamente, en varios paneles se analizó el tema de los desequilibrios globales, que tantos rumores y oscilaciones en los mercados han provocados en las últimas 4 semanas.

No es una novedad destacar que los Estados Unidos tienen un déficit en cuenta corriente que ya supera el 6,5% del PBI, ni que además tiene un déficit fiscal del orden del 3,5% sobre el mismo indicador. Tal como fuera repetido varias veces, estamos viviendo una situación única, ya que no había antecedentes de que el país centro financiero, sea simultáneamente el mayor deudor del planeta, y uno de los más indisciplinados, lo que lo obliga a emitir en el orden de los 2.000 millones de dólares por día, o sus equivalentes en papeles de deuda del Tesoro Norteamericano. Y estos títulos son colocados masivamente en el exterior, ya que el ahorro de las familias se ha vuelto negativo en los últimos años. Dicho en otros términos, los Estados Unidos están gastando e invirtiendo, tanto a nivel público como privado, muy por encima de los recursos propios.

Como no podría ser de otra manera, ese déficit tiene su contrapartida en otros países, encabezados por China, que mantienen altísimos niveles de ahorro, y de superávit en sus cuentas externas. Y además, tienen a sus bancos centrales acumulando reservas a un ritmo muy fuerte, y muy por encima de lo que sería lógico, por motivos de prudencia financiera. De esa manera evitan la devaluación del dólar, por lo menos con relación a sus monedas, lo que mantiene los desequilibrios externos, o por lo menos esos dicen algunos de los expertos que nos visitaron.

Como se puede verificar, no es solo China quien actúa de esa manera. En los últimos 4 años, la acumulación adicional de reservas por parte de los bancos centrales alcanzó a 1.500 billions (o sea 1,5 billones de los nuestros). La moda de acumular reservas también incluye a América Latina, y en menor medida a nuestro país. Todos han aprendido que para protegerse de las crisis financieras es mucho mejor tener reservas que una política monetaria o cambiaria ortodoxa. El otro aspecto muy importante de la situación actual es el enorme monto de inversión directa extranjera, FDI, que fluye hacia estos países: 800 billions si sumamos las inversiones en acciones.

Ante esta situación, las conclusiones que se pudieron extraer de las Jornadas son de las más variadas. En primer lugar, los expertos difieren mucho entre sí. No hay un consenso sobre el futuro. Para algunos, la situación actual no constituye un desequilibrio, y podría mantenerse por muchos años. Estos sostienen que mientras China y otros países decidan seguir creciendo sobre la base de sus exportaciones, van a seguir financiando a su principal mercado, los Estados Unidos. Ellos creen que China no se suicidará decidiendo dejar de comprar los bonos de su contraparte comercial. Otros sostienen que hay mucho campo para un aterrizaje suave, logrado mediante una mezcla de aumento de las tasas de interés y un mejoramiento fiscal en los EE.UU., por un lado, y una gradual revaluación de las monedas de los países que acumulan superávit. Muchos otros, sobre todo cuando hablan fuera de los micrófonos, están muy preocupados y creen que es probable que sobrevengan ajustes más profundos y más bruscos. Para este grupo es inevitable una desaceleración del crecimiento mundial, una corrección en los precios de las materias primas, y en las bolsas, y obviamente en el valor del dólar frente a otras monedas. Es cierto que estos pronósticos no se están cumpliendo en los últimos años, pero las oscilaciones de las últimas semanas demuestran que hay muchos operadores que prefieren cubrirse, y eso nos afecta a países como los nuestros, porque empieza lo que se llama ‘huida a la calidad’ y que, paradójicamente, significa volver al dólar.

También sorprende lo poco que se habla en esta clase de debates de los ‘salarios chinos’, frente a lo mucho que se menciona la necesidad de apreciar el Renminbi, la moneda de ese país. Obviamente, son dos aspectos del mismo proceso, pero al plantearlo desde el ángulo cambiario se pierde la cuestión central del desequilibrio global: el bajísimo nivel de salarios en países que, como China, están integrándose muy gradualmente al sistema de mercado. Es el desnivel de salarios lo que lleva a las empresas de todo el mundo a establecerse en la China, y que también generan las presiones migratorias, que tanta oposición tienen en el primer mundo. Parecería que nos acordamos de David Ricardo para defender la globalización financiera, pero no tanto a la hora de aceptar la libre circulación de los bienes, y mucho menos, la del trabajo. Estas asimetrías, en la medida que subsistan, seguramente darán lugar, en el futuro, a actitudes proteccionistas, no solo de los que proveen los grandes mercados, sino también de los que proveen las materias primas no renovables.