Arcor, la primera productora de golosinas, alimentos, chocolates y galletitas del país, desembolsará 7 millones de dólares entre este año y 2006 para aumentar en un 8,3% la producción de azúcar de La Providencia, el ingenio tucumano que adquirió a fines de 1994.
En lo que queda del año, la multilatina –como se autodefinen puertas adentro del grupo– invertirá u$s 2,5 millones, y pondrá los restantes u$s 4,5 millones durante 2006. El objetivo del grupo cordobés, nacido en Arroyito en 1951, es elevar la producción de azúcar de las 120.000 toneladas que prevé obtener este año hasta las 130.000 toneladas estimadas para 2006.
Fernando Falco, uno de los gerentes Generales de Arcor, le anticipó la inversión al diario La Gaceta, de Tucumán. Los desembolsos se destinarán a mejorar el sistema de vapor y a la adquisición de filtros y secadores de la planta azucarera, emplazada en Río Seco.
La inversión supone una nueva apuesta de Arcor para cimentar la integración vertical de sus negocios, una de las claves competitivas que le permiten a la empresa exportar sus productos a 120 mercados.
De hecho, a partir de la fusión de su división de galletitas con los negocios regionales de Danone, a través de la alianza Bagley Latinoamérica, los consumos de azúcar del grupo en sus procesos productivos saltaron de las 90.000 toneladas anuales a las 120.000. De ese demanda interna, Arcor destina 40.000 toneladas de azúcar a elaborar en el país productos terminados que luego exporta.
Producción atada a consumo
Por eso, para seguir autoabasteciéndose de ese insumo –que es clave en sus procesos de elaboración de golosinas y chocolates– y no recurrir a terceros, necesita aumentar cada año su producción propia. Precisamente, en 2005 el ingenio producirá el volumen que le permitirá a Arcor cubrir el 100% de sus consumos.
El ingenio es uno de los líderes de la industria. De acuerdo con los datos del Centro Azucarero Argentino, en 2004 La Providencia produjo 112.570 toneladas, un volumen que lo instaló en el cuarto lugar del ranking, detrás del jujeño Ledesma, el también tucumano Concepción –que acaba de ser adquirido por Atanor– y el salteño San Martín del Tabacal.
Pero los números de La Providencia vienen en alza desde que Arcor tomó las riendas del ingenio: a mediados de los ’90, su producción de azúcar alcanzaba las 55.000 toneladas, frente a las 120.000 actuales. Para lograr esos aumentos, Arcor invirtió, en promedio, unos u$s 2 millones anuales.
Segundo hogar
Tucumán y Arcor mantienen una fuerte ligazón histórica desde los mismos orígenes del grupo. En los ’50, los Pagani y los Maranzana –dos de las familias fundadoras de Arcor– controlaban una papelera en Tucumán. Y, en 1975, Arcor dio en esa provincia un paso clave para la que sería su posterior expansión en la Argentina: instaló en la localidad de La Reducción una fábrica de chocolates y golosinas, a la que bautizó Misky.
A partir de esa inversión, Arcor comenzó a montar plantas en provincias beneficiadas con regímenes de promoción industrial. Hoy, el grupo liderado por Luis Pagani también está invirtiendo en Misky, para ampliar la capacidad de producción de la planta de glucosa que tiene en el complejo, y lograr una molienda de entre 400 y 450 toneladas de maíz por día.