La estrategia contra la inflación se parece a la fábula de la rana y el escorpión. En una ingenua actitud contradictoria, a la larga, la reproduce y así ésta se come a la política económica.

En esta campaña habrá una producción de soja de más 53 millones de toneladas. ¿Es ésta una buena noticia?: Obviamente. Pero no todo lo que brilla es oro.

Hay más de 18 millones de has. plantadas con soja y de haber libertad de comercio, la cosa sería distinta. Porque la superficie destinada a otros granos crecería mucho como resultado de un racional planteo de rotación agrícola, que hoy está en vías de desaparición.

Si bien el aumento es consecuencia de avances tecnológicos y organizacionales, la realidad es que, fundamentalmente, proviene del incremento de la superficie sembrada a expensas de millones de hectáreas que dejan de ser implantadas con maíz y trigo. Este proceso comenzó a partir de las intervenciones del Estado en los mercados cerealeros y sigue su curso de concentración productiva y de restricción en la oferta de los alimentos que consumimos.

La estrategia oficial apunta a mantener lo más bajo posible los precios a costa del mediano y largo plazo. Ella es la que abre las puertas a graves problemas en la estructura de los suelos agrícolas así como, también, a diversos desequilibrios ambientales que establecen condiciones negativas para la producción futura.

Una década atrás, la producción de trigo giraba en torno a 14 millones de tn, en una superficie implantada de alrededor de 6 millones de has. Tan sólo hace 5 años, la cosecha de trigo giraba en torno 16 millones de tn. Hoy, la cosecha es de poco más de 7 millones de tn, y la superficie sembrada ha sido de apenas 2,75 millones de has. Ya no somos, para el mundo, un país de trigo. Nuestro gran comprador, Brasil, ahora es cliente de otros proveedores. La oferta tiende a caer a un ritmo tal que en poco tiempo más el país deberá importar trigo, ciertamente a precios internacionales. El maíz no se encuentra en el patíbulo, como el trigo, pero está a punto de ingresar. Ya no somos más el segundo exportador del mundo, posición que mantuvimos por muchos años.

La carne es otro ejemplo que ya pega duro en nuestros bolsillos. En poco tiempo más, cuando deseemos hacer nuestro dominical asado, deberemos reemplazar nuestra tradicional carne por pollo o por alguna que otra hamburguesa.

Por los controles y las vedas a la exportación, la producción ha sido reemplazada -en gran parte- por la soja o desplazada a zonas marginales. A su vez, la fábrica (vacas madres) ha quedado sustancialmente disminuida. Este es el resultado de la acción de gobierno basada en controles de precios y restricciones a la exportación con el objeto de bajar (o evitar subas) los precios locales. La inversión para llevar adelante la actividad ganadera es de largo tiempo. Por ello, el cuadro no es reversible en el corto plazo.

Desde el año 2006, se viene aplicando una política focalizada en la oferta interna para lo inmediato en desmedro de la oferta del futuro. Bueno, señores: ahora estamos empezando a recorrer ese futuro.