

Perdidas en la inmensidad de la fábrica, las cajas de cartón marrón todavía lucen el logo de Gatic. El gigante textil es más que un recuerdo vivo en Coronel Suárez, pese a que la quiebra fue sentenciada por algún juez de la lejana Capital hace casi un año.
Por eso, después de haber pasado por la agonía del derrumbe, esta localidad –tierra de colonos galeses y alemanes, reconocida por su polo de alta alcurnia– intenta superar la Gatic-dependencia, construyendo un Distrito Industrial del Calzado a partir de sus cenizas, con el desarrollo de una marca de origen.
La lucha la encabeza el Consejo para la Producción y el Desarrollo de Coronel Suárez (Coprodesu), un organismo no gubernamental que asumió la iniciativa como bandera de esta cruzada.
Gatic, fundada por la familia Bakchellian, puso su primera piedra en Suárez en 1978. Desde entonces, la que alguna vez fuera la mayor fabricante de calzado e indumentaria deportiva del país creció hasta erigir un complejo industrial de ocho naves y más de 30.000 metros cuadrados. Concentró allí su producción de zapatillas y llegó a darle trabajo a 5.000 personas, número que crece a 8.000 sumando empleos indirectos. Todo, en un municipio cuya cabeza de distrito apenas reúne 24.000 habitantes.
Dónde están los empleados
De los 2.000 operarios que en sus últimos días empleó Gatic, aún hay 800 que cobran subsidio de desempleo, aunque se calcula que la mitad de ellos ya tiene algún otro ingreso. Otras 460 personas se reinsertaron en Indular, la empresa que conduce el ex CEO de Alpargatas, Guillermo Gotelli, y que se quedó con los activos de la quebrada textil. Otras 500 trabajan en los 11 emprendimientos que sobrevivieron al gigante. Con sueldos promedio de $ 600, estos talleres –entre los que hay proyectos de ex empleados de Gatic y firmas que, antes de la quiebra, trabajaban casi en forma exclusiva para la empresa– elaboran productos semi-terminados y finalizados para marcas como Grimoldi, Asics, Cardón y Lotto.
“No queremos repetir experiencias pasadas, sino desarrollar herramientas que permitan que Suárez sea reconocida como el polo industrial del calzado argentino , resume el titular del Coprodesu, Osvaldo Fuentes Lema. “Con Gatic salimos de la agro-dependencia. Ahora, queremos dejar la Gatic-dependencia , agrega Mauricio Vera, consultor tecnológico del organismo. “Preferimos tener 20 fábricas de 100 empleados, antes que una grande, de 2.000 , apunta el intendente, Ricardo Moccero. “No podemos revivir Gatic, no tiene sentido , afirma Gotelli.
Indular –una sociedad entre Gotelli y los fondos de inversión Leucadia (Estados Unidos) y Eurofin (Argentina)– reactivó la planta en enero, tras ofertar $ 12,5 millones por este activo y otros dos complejos industriales (Pilar y Las Flores). Pero su arribo a Suárez no fue fácil. Le costó meses vencer la desconfianza local. La mayoría de los talleres son emprendimientos de ex empleados o proveedores de Gatic, y funcionan con maquinaria que pertenecía a la desaparecida textil. Aún ronda el fantasma de los Bakchellian –apellido que, ahora, debe mencionarse con prudencia por estos pagos– y la aparición de rostros extraños despertó el temor de perder ese capital de trabajo.
“Nuestra estrategia fue integrarnos con el medio , dice Gotelli. Fiel devoto del concepto de cadenas de valor, el industrial está convencido del camino que tomó para llegar a Suárez. “La empresa grande debe tirar del distrito, porque tiene mayor capacidad de producción y de generar mercados. Así, le da a las demás una escala que, por su cuenta, no podrían alcanzar , pregona, una vez superados los recelos.
Crecimiento
Hoy, Indular produce entre 4.500 y 5.000 zapatillas diarias, tanto para su marca propia (Signia) como para terceros (Stone, Ruta 66 y algunas cadenas de supermercados). Pero aspira a llegar al máximo de su capacidad: 25.000 zapatillas cada 24 horas. Para lograrlo, la empresa apuesta al desarrollo del Distrito del Calzado. Con tal propósito, ya se invirtieron $ 40 millones y se proyecta crear otros 400 empleos en lo que resta del año, que serán absorbidos en partes iguales entre la compañía y los talleres.
Por peso específico propio, Indular también tomó la voz del sector. Hace unas semanas, Gotelli ofició de anfitrión para el secretario Pyme, Federico Poli. El funcionario escuchó de su boca las principales amenazas para la prosperidad de la zona: la importación de calzado de Brasil y de China.
“Ya estudiamos la manera de ponerle un tope a la importación proveniente de Brasil, ya que el año pasado, el cupo que se había establecido (11 millones de pares) fue superado. Intentamos que no vuelva a ocurrir , prometió Poli. El Ministerio de Economía ya puso estos frenos por escrito. Para los suarences, puede ser puntada inicial del sueño con el que aspiran a olvidar la pesadilla.











