

La gran industria hollywoodense ha sabido valerse de una fórmula casi infalible a la hora de crear historias románticas: la ley de los opuestos. Esta receta de la atracción de los polos parece surtir un deleite predecible cuando se trata de ver cómo dos personas incompatibles pueden enamorarse. Este film no escapa a la regla y nos muestra que ocurre cuando un típico joven neoyorkino amante de la cerveza y las mujeres y una obsesiva agente de bolsa se encuentran en una noche “loca en Las Vegas.
Jack Fuller (Ashton Kutcher) trabaja en la maderera de su padre pero éste cansado de la inmadurez de su hijo lo despide. Joy McNally (Cameron Diaz) es una agente de bolsa que está organizando un cumpleaños sorpresa a su “perfecto comprometido quien la abandona. Ambas situaciones los llevan a cada uno, a olvidar las penas en la embriagadora ciudad de Las Vegas.
Luego de una borrachera juntos, Jack y Joy se casan en una clásica iglesia Las Vegas cual Britney Spears y momentos después, se sacan el premio mayor en un tragamonedas. Una suma de tres millones de dólares donde Jack se lo gana con una moneda de Joy pero en la máquina en la que ella había jugado.
Ambos quieren divorciarse pero un inflexible juez – Whopper - (Dennis Miller) se rehúsa en otorgarle a Jack y a Joy una anulación, congela el botín del premio y obliga a la pareja a probar que han hecho todo lo posible para hacer que su improvisado matrimonio funcione si quieren ver los billetes, claro.
El film que intenta tener un ritmo al estilo videoclip cae en muchos lugares comunes, con personaje clichés y situaciones previsibles, sin que por ello deje en algunos momentos sacar una risa. No son justamente los mejores papeles que les tocaron a los carismáticos Cameron Diaz (En sus Zapatos, 2005) y Ashton Kutcher (El efecto mariposa, 2004) interpretar.
Ideal para acompañar con pochoclos.










