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MIÉRCOLES 12/12/2018
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Literatura científica: del laboratorio a la calle

La colección 'Ciencia que ladra' (Siglo XXI editores) dirigida por el biólogo Diego Golombek se convirtió en un fenómeno editorial tanto en Argentina como en el exterior. Su objetivo es transmitir, de manera entretenida y rigurosa, que la ciencia es parte de la cultura y una experiencia cotidiana para todos.

¿Qué es la belleza en términos biológicos?; ¿Dónde está el amor en el cerebro?; ¿Es verdad que a metros de la Plaza de Mayo puede estar el Siglo XVI?; cuando el delivery trae una grande de muzzarella, ¿Cómo puedo hacer para cortarla en porciones iguales?; ¿Vino y sandía son afrodisíacos?, ¿Su consumo despierta los bajos instintos? Sobre todos estos temas y muchos, muchísimos más, se pregunta (y responde) la colección de divulgación científica ‘Ciencia que ladra‘ (Siglo XXI editores) dirigida por el biólogo, ’cocinero científico’ y conductor del canal ‘Encuentro‘, Diego Golombek.

"La colección me ha dado mucha alegría. Trabajar con un grupo de gente, la editorial y los autores en un formato con identidad propia, temas bastante generales, la mayoría de ciencias naturales, es un placer inmenso. Nosotros consideramos la divulgación científica como un estilo literario", le cuenta a cronista.com.

Por más que las ventas en general son muy buenas, Golombek destaca que el best seller de la colección "es la serie de libros que escribió Adrián Paenza, que ya fueron traducidos al alemán, al italiano y al checo". Y enseguida agrega que el fin es también "humanizar el trabajo del científico, que puede ser el tipo que está sentado en la mesa de al lado en el café y que va a la cancha" y que otro objetivo es promover la "comunicación pública de la ciencia".

La aclaración de Golombek sobre los científicos atenta, en buena hora, contra cientos de películas, cantidad de libros y obras de teatro que crearon un estereotipo muy particular no sin mucho esfuerzo: el científico loco. Por más que pasa gran parte del día dentro de un laboratorio, Golombek no habla con acento extraño, no luce el pelo revuelto, ni parece un ermitaño y, por suerte, no intenta dominar el mundo anotando de manera obsesiva fórmulas científicas ilegibles. Lejos de eso, parece un turista holandés que camina por San Telmo con gesto despreocupado, detrás de una cámara de fotos.

-'Ciencia que ladra' nació en el 2005 y ya tiene 28 títulos publicados ¿Cómo empezó esta historia?

-Medio como una chifladura académica en la Universidad Nacional de Quilmes. Pensamos hacer una colección de divulgación científica sobre todo basada en textos de científicos, no necesariamente de escritores o periodistas, lo cual ya es todo un desafío, porque los científicos no escribimos libros de textos, sino papers básicamente. La idea era contar un poco lo que se hacía desde diferentes áreas del conocimiento.

Al principio salimos con 5 títulos. Con la ambición no siempre cubierta de que se pudiera leer casi como ficción, como una novela que el lector tenga ganas de dar vuelta las páginas. Los libros salieron bien con buena recepción pero no pudimos ir creciendo y haciendo algo más masivo. Entonces nos asociamos con Siglo XXI que tiene una gran tradición en ciencias sociales y ninguna en ciencias naturales.

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-La colección tiene una serie ’clásica’ y una ’mayor’ ¿Cuál es la diferencia?

-Bueno, de la serie ’clásica’ tenemos ediciones específicas en España, Brasil y México y nos mantenemos más con autores locales y posiblemente nos vamos a expandir a autores latinoamericanos. Por suerte estamos recibiendo muchas propuestas.

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En serie ’mayor’ hay autores nacionales y nosotros traducimos textos de autores extranjeros que nos pueden llegar a interesar, los libros son más largos y sobre temas tal vez más profundos. Por ejemplo está por salir "La historia universal de la infamia científica", de Matías Alinovi. Es un libro sobre fraudes, pero es atípico. En vez de contar el fraude, cuenta la ciencia detrás del fraude, que siempre sucede en un contexto determinado.

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-En la colección escriben biólogos, físicos, químicos y otros especialistas, pero no hay médicos, ¿Por qué?

-Pasan varias cosas. Por un lado, un cierto celo de los médicos con respecto a su profesión. Cuando vos vas al médico por una consulta y le pedís información sobre el tema por lo general te dice: "vos no tenés que leer nada". A parte hay una cierta pica entre medicina y ciencia. En términos de definiciones epistemológicas, la práctica médica no tiene nada de ciencia. Es una aplicación de conocimientos. No hacés prueba y error, no hacés investigación.

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Hay médicos excelentes que hacen investigación clínica, por lo tanto hacen ciencia. Entonces, la medicina es un lenguaje diferente. Es un cuerpo de conocimiento que se aplica en un sujeto no experimental, en un sujeto clínico, que es el paciente. Ahí están muy alejados de la ciencia.

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-Bien, pero si yo voy al médico y no puede explicarme que tengo en un lenguaje entendible el problema de expresión lo tiene él.

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-Claramente hay un problema. Ahí está el léxico que es común a la ciencia. Toda ciencia establece un lenguaje difícil, le encanta hablar en difícil, lo cual tiene un costado necesario. La ciencia debe ser unívoca. Vos tenés que decir algo y es eso. En un lenguaje coloquial, literario, la riqueza reside en que lo podés interpretar de diferentes maneras. En las ciencias sociales hay interpretaciones; en las naturales, no.

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A muchos médicos les encanta latinizar y lo que fuera. Eso se lleva muy mal con la comunicación pública de la ciencia. A nosotros nos ha costado encontrar los autores adecuados. En la colección hay un libro escrito por un médico que se llama ‘Cortar y pegar‘ y que es sobre transplantes. Lo escribió Pablo Argibay. Tenemos que hacer libros sobre qué pasa con el cuerpo. Estamos en eso.

-¿Qué tipo de lectores se interesaron en los libros?

-Es una gran sorpresa. Fue pensada para nuestros pares más jóvenes, pibes ya interesados por la ciencia. De pronto tuvimos un aluvión de lectores en sentido general. Yo he tenido que dar charlas en jardines de infantes. La maestra había leído el libro del ’cocinero científico’ y estaba haciendo recetas con los pibes y estaban fascinados. Además siempre buscamos seducir lectores que no acostumbran comprar textos sobre ciencia. Por eso los temas son atractivos, libros cortos, relativamente baratos, con guiños a la cultura, al cine, al teatro.

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-Es muy interesante encarar la idea de la ciencia como hecho cultural y cotidiano.

-Es que la ciencia es cultura. No se considera como tal ni por el público masivo mayoritario ni por quienes pregonan ser parte de la cultura. De todas maneras, en los medios hay noticias sobre ciencia en una sección específica, pero aisladas del resto.

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Posiblemente los precursores en la parte más periodística sea ‘Futuro‘ (suplemento de ciencias, de ‘Página 12‘), que en sí es un suplemento cultural y la página diaria de ciencias de ‘La Nación‘, que la vienen manteniendo hace mucho y que cada tanto es nota de tapa y son notas muy leídas. Otros medios mantienen una actitud más tradicional.

-La concepción de la ciencia como un hecho extraño...

-Exactamente. ‘Un grupo de científicos descubrió‘..así empiezan las notas. Es cierto que desde hace años hay como un cambio. También ayuda la aparición de figuras mediáticas como Adrián Paenza, que patearon el tablero, y también cambiaron los actores que participan de esto.

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Hay periodismo especializado en ciencia. Los medios se dieron cuenta que es un tema de interés, que es importante contarlo y aparte a la gente le interesa leerlo. El público quiere saber de que se trata. Es uno de los motivos principales para hacer comunicación pública de la ciencia. La ciencia no está tan lejos. Hay campos que son difíciles, muy técnicos, muy específicos, pero la hace gente como vos y como yo, finalmente.

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