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En su último The Flow Show, Bank of America (BofA) adivirtió que el posicionamiento global roza niveles de euforia. Uno de sus indicadores, el Bull & Bear Indicator se ubica en 9,4 y mantiene señal de venta.
Sin embargo, detrás de esa alerta hay algo más relevante y es que el gigante de Wall Street empieza a delinear un giro estructural: una posible rotación de régimen desde el excepcionalismo del mercado estadounidense hacia los mercados emergentes. Y en ese nuevo mapa de flujos, para el banco, la Argentina deja de ser una historia periférica y pasa a ser una pieza central.
El banco explica que en medio del debate global sobre si la Reserva Federal (Fed) podrá recortar tasas este año o si el mercado deberá recalibrar hacia un escenario de tasas más altas por más tiempo, decidió volvió a tomar posición en emergentes. Y dentro de ese universo, hizo una elección clara: “Argentina es la principal apuesta en deuda externa”.
En líneas generales, el banco mantiene una visión constructiva sobre los mercados emergentes, aunque advierte que la volatilidad podría aumentar si el mercado pierde confianza en que el próximo movimiento de la Fed sea un recorte
Según el seguimiento de flujos las acciones emergentes captaron u$s 13.800 millones en las últimas dos semanas. En lo que va de 2026, el liderazgo ya no pasa por la tecnología estadounidense sino por el oro (+16,8%), Japón (+15,8%) y mercados emergentes (+11,5%).
El banco planteó de forma explícita que la próxima gran rotación podría ser desde Estados Unidos hacia Emerging Markets, enmarcada en lo que define como un “new world order = new world bull”.
En paralelo, advirtió que el trade vinculado al entusiasmo por la inteligencia artificial comienza a perder impulso y que el mercado rota desde large-cap growth hacia small-cap value, energía, materiales y activos reales.
Argentina, “top pick” en deuda hard dollar
El mensaje es para el país: “Argentina remains our top pick” dentro de la deuda externa emergente.
Sucede que para el banco, si el país consolida el acceso al mercado voluntario, podría activarse un círculo virtuoso: baja de rendimientos, mejora en la percepción de riesgo y nueva compresión de spreads.
“Estamos sobreponderados en los bonos externos de Argentina. Los rendimientos se mantienen elevados en relación con la calificación crediticia del país y vemos perspectivas de futuras mejoras en el rating. La inflación ha caído de manera sustancial, el compromiso del gobierno con el equilibrio fiscal es muy firme, la voluntad de pago de la deuda externa es alta y está en marcha una agenda ambiciosa de reformas microeconómicas y desregulatorias”, destacó el BofA.
Y agregó: “Los rendimientos de los bonos se están acercando a un nivel en el que recuperar el acceso a los mercados se vuelve factible”.
También enumeró los riesgos que “están a la baja”: “Elecciones legislativas, mayor aversión global al riesgo, bajo nivel de reservas internacionales, aprobación de leyes que diluyan el equilibrio fiscal, dificultades de gobernabilidad en el Congreso, erosión de la popularidad presidencial por desafíos económicos y protestas sociales”.
BONCER: la jugada local
En el frente doméstico, la preferencia de banco es explicita por los BONCER, los bonos ajustados por inflación (CER). El argumento es que los rendimientos reales quedaron rezagados frente a los nominales.
La lectura es interesante. En un contexto de desaceleración inflacionaria pero con inercia todavía presente, el tramo indexado podría ofrecer mejor relación riesgo-retorno que la curva nominal pura. Es una señal de que el banco no da por descontada una transición rápida hacia una nominalidad baja. Si el proceso es más lento, el CER cobra atractivo.
El optimismo sobre la Argentina no está aislado del mundo. Si los datos de empleo en EE.UU. bloquean los recortes de tasas y el mercado empieza a pricear un escenario más hawkish, el impacto inicial sería bajista para emergentes, dice el documento
El escenario ideal es doble: expansión global y estabilización local. Sin esa combinación, la compresión tiene techo, analizó el documento.
América Latina vuelve al centro del tablero
Paula Chaves, analista de mercados de HFM, dijo en declaraciones a El Cronista que, la señal de venta global activada por parte del BofA empieza a leerse menos como una advertencia puntual sobre Wall Street y más como la confirmación de una dinámica que el mercado ya venía insinuando.
“Desde noviembre de 2024 —y con mayor claridad a lo largo de 2025— se observó un proceso progresivo de reasignación de flujos hacia mercados emergentes, especialmente en América Latina”, señaló la experta.
Chaves recuerda que durante los últimos años, EE.UU. concentró capital, rendimiento y narrativa. “Sin embargo, con valuaciones exigentes, alta concentración sectorial y un dólar que dejó de ser estructuralmente alcista, el balance riesgo–retorno comenzó a cambiar. Lo que hoy plantea el BofA no es necesariamente el inicio del movimiento, sino la validación de una rotación que ya empezó a tomar forma hace más de un año”, advirtió Chaves.
En ese contexto, para la estratega, la renta fija emergente en moneda local fue uno de los primeros activos en captar interés. “Países con tasas reales positivas y bancos centrales que habían avanzado en su ciclo monetario comenzaron a atraer capital en búsqueda de carry y estabilidad macro. México y Brasil se posicionaron naturalmente como destinos iniciales por tamaño, liquidez y credibilidad institucional”, aseguró la experta.
En renta variable, la rotación también se hizo visible. Sectores vinculados a energía, materiales e infraestructura en América Latina comenzaron a recibir mayor atención relativa frente a los múltiplos elevados del mercado estadounidense.
“En México, por ejemplo, compañías de gran capitalización y liquidez internacional como América Móvil —listada en Nueva York— suelen estar entre los activos que los fondos globales evalúan cuando buscan exposición regional con perfil defensivo y flujo en dólares”, comentó.
En el plano cambiario, el debilitamiento progresivo del dólar durante 2025 reforzó esta dinámica. “Varias monedas latinoamericanas mostraron apreciaciones relevantes en ese período, impulsadas tanto por diferenciales de tasas como por entradas de capital institucional”, señaló Chaves.
Dentro de este marco regional, la estratega analizó que la Argentina empieza a integrarse gradualmente al movimiento. “Desde 2025 se observa una mayor llegada de inversionistas extranjeros enfocados en Latinoamérica que comienzan a reconstruir exposición en activos argentinos de manera selectiva. Este flujo, aunque todavía prudente, marca una diferencia respecto de ciclos previos de menor participación internacional”, dijo.
Si la rotación que comenzó a evidenciarse desde fines de 2024 y se consolidó en 2025 continúa durante 2026, América Latina podría mantener un rol protagónico en la asignación global de capital.
“Argentina, dentro de ese esquema, aparece como un mercado que vuelve al radar internacional, con potencial de capturar flujos en la medida en que sostenga estabilidad macro y previsibilidad financiera en el tiempo”, concluyo la experta.
Por su parte, Pedro Moreyra, director de Guardian Capital, explicó que la rotación global hacia mercados emergentes ganó tracción en 2026 en un contexto de debilidad estructural del dólar y creciente volatilidad política en EE.UU. ante las elecciones de medio término.
“A esto se suman tensiones geopolíticas en el hemisferio norte, desde la relación entre Washington y Europa hasta la incertidumbre en Medio Oriente, que refuerzan la búsqueda de diversificación fuera del eje tradicional”, dijo el experto.
Moreyra comentó que América Latina no está directamente involucrada en esos focos de conflicto y, por eso, desde Guardian la consideran “la región emergente mejor posicionada en este escenario. Los flujos ya reflejan el cambio: distintas métricas muestran que buena parte del nuevo capital en equity se dirige fuera de EE.UU., con una porción relevante hacia mercados emergentes”, dijo el experto.
Y agregó que dentro de ese universo, LATAM sobresale, “en especial Brasil, México y Argentina, junto con Corea del Sur en Asia”. Incluso con commodities más débiles, un dólar menos dominante mejora las condiciones financieras y potencia los retornos tanto en deuda local en moneda doméstica como en acciones.
Más allá del equity, en 2026 también se observa mayor apetito por riesgo emergente en el mercado de bonos, el más grande del mundo.
“Brasil y Ecuador lograron capitalizar esta demanda con colocaciones exitosas de deuda en dólares. Argentina, sin calendario electoral en 2026, aparece relativamente despejada en términos políticos frente a otros pares. En un escenario de dólar débil y menor concentración en Wall Street, los emergentes vuelven a escena como apuesta estratégica de mediano y largo plazo”, concluyó Moreyra.